Cómo trocar la libertad por la promesa de ser liberto

La forma en que se nos venden imagen y roles, la habilidad con que el esquema de mercado ocupa todos los nichos posibles, ofreciéndonos problemas y soluciones por el módico precio de nuestras vidas, no es necesariamente algo fruto de una mente malvada que se frota las manos en la oscuridad, pese a que probablemente haya personajes ocupando esos puestos. “Sociedad de consumo”, sociedad, es algo en que todos participamos. El poder máximo, según Bauman, de expulsar a alguien del juego de la sociedad como castigo a la no adecuación, es resultado de un ejercicio común: lo portada vida consumo baumanhacemos entre todos. Nos adecuamos a la casta que nos toca y la defendemos y perpetuamos acríticamente como defendemos y nos identificamos con la tribu que vamos eligiendo conforme vivimos. Se habla con razón de élites dominantes con alta proporción de psicópatas como los malos, y nosotros somos los buenos, naturalmente. Pero no siempre se tiene en cuenta la parte del juego que cada uno acepta, o los pequeños detalles en que la ocasión nos permite abusar de otros, y cómo la distancia vela la empatía.

Esta es sólo una faceta, podría hablarse en general de cómo tenemos roles impuestos y somos estafados para convertirnos en artículos de mercado, como explica muy bien Zygmunt Bauman en “Vida de Consumo” (Fondo de Cultura, 2007)

“En Vida de consumo Bauman propone un análisis de la sociedad contemporánea partiendo de la idea de que las relaciones sociales basadas en el consumo se extienden inexorablemente: todo y todos pueden ser “objetos” de venta como productos y cualquier “sujeto” tiene que tener la capacidad de adquirir, disfrutar y desechar (en poco tiempo, si es posible). Según Bauman, la lógica del consumo constituye no una de las opciones disponibles, sino la única, porque la sociedad desaprueba las alternativas, con un agravante: las investigaciones demuestran que el aumento del consumo -salvo en los niveles más bajos- no se traduce en el consumidor en un aumento de la felicidad percibida.

Bauman analiza cómo la sociedad de productores ha pasado a transformarse en una sociedad de consumidores, donde cada individuo es al mismo tiempo consumidor y objeto de consumo. Las leyes del mercado han desplazado todos los lazos de solidaridad, y el bienestar social ha ido perdiendo terreno progresivamente (…)

El placer ya no habita en lo que se tiene sino en lo que se adquiere, y donde las mercancías caducan de un día para el otro y no hay limites a los deseos humanos, condenados por ello a estar por siempre insatisfechos.

Uno de los campos donde el consumismo más se ha impuesto es en las relaciones laborales, donde el trabajador debe venderse a sí mismo como mercancía, donde los lazos duraderos están vistos como “lastre”, y donde alguien que se resigna a permanecer demasiado tiempo en un mismo puesto, necesariamente termina perdiendo.

Bauman se pregunta finalmente por los excluidos del sistema, los “consumidores fallados”, que sin posibilidad de insertarse, sufren el transformarse en “infraclases”, que el sistema acepta resignado como “daños colaterales”. Tal vez allí esté la crítica más dura que se le pueda hacer a la cultura de la vida contemporánea, que Bauman observa, como siempre, bajo la lupa.”

(enlace a la reseña original en blogdelibros.com)

 

Pero esta idea del “venderse” no es exclusiva del entorno laboral. Me llama la atención el contraste que veo entre el significado que recordaba para ello y lo que ha llegado a ser. Antes un vendido era un traidor. Obsérvese que lo atroz del negocio no es el verbo sino el objeto: uno se vende cuando, a cambio de presuntos beneficios materiales, cede a cambio su integridad moral, su coherencia vital, o simplemente los valores a que se había comprometido. Hoy no chirría como consejo positivo el “hay que saber venderse” como requisito sine qua non para acceder a un trabajo que corresponda con el propio oficio, olvidando que esto implica necesariamente un menoscabo de la ya elusiva igualdad de oportunidades, pues un fontanero freelance por bueno que sea lo tendrá más difícil si no es un buen “relaciones públicas”. Ya no basta con ser formal y bueno en lo tuyo profesionalmente, ni ser encantador en lo personal. Ahí también hay que venderse, y no voy a decir que las relaciones humanas no fueran así hasta la era consumista, pero qué queréis que os diga, en este contexto lo de la venta no me gusta.

adulacion-quevedo

Mucho he encontrado entre escritos del Siglo de Oro contra los males de la adulación, mas quizá fuera precisamente por ser un tema siempre actual. Hoy los medios facilitan y fomentan el que directamente nos presentemos como en un escaparate, exhibiendo los plumajes que sean santo y seña del estatus de “válido”, y esta uniformidad tendrá un trasfondo más técnico como lo tiene la publicidad moderna, pero supongo que es algo humano y siempre ha estado ahí. Aunque me cuesta creer que fuera posible escuchar ufanas, públicas y aplaudidas declaraciones como “he sabido venderme y el puesto es mío” de la forma en que hoy es común.


Nadie está a salvo y sólo entre todos, cada cual desde el ejercicio de su libertad, puede hacerse algo. Hacer propia la batalla de un grupo determinado no es sino seguir poniendo barreras y divisiones, creando bandos a los que apuntarse y por tanto también enfrentamientos contraproducentes.

Desde luego, dejar de jugar a ese juego y desintoxicarse de la tele como bien sugiere el documental que enlazo abajo es un buen comienzo. Pero más allá, este ejemplo es suficiente para que quien lo desee empiece a hacer visible para sí la parte que le toca.

 

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=1teAJZE1ark#at=1415

Sobre el Ejercicio y la Moda

Como decía antes, se hace negocio a menudo vendiendo nuevos inventos que ni son inventos ni son nuevos. Nos venden un problema, como mal necesario en el mejor de los casos, y luego nos venden la solución.

No hablaré ahora de los cacharros de teletienda ni de otros productos cosméticos o nutricionales milagrosos -y de repente imprescindibles-, sino de lo que pasa ahora, tras el verano, como pasa en primavera con el cuento de la operación bikini.

Veo correr a la gente y me escuece el alma. Veo a chicas que no han corrido jamás haciéndolo por el asfalto, costosa pero inadecuadamente vestidas, sacando los pies hacia afuera y rompiéndose los meniscos, señores que siguen creyendo que forrarse en plástico es bueno o tiene algún sentido, valientes a las cuatro de la tarde botando penosamente mientras luchan por respirar.homer running Gente que a menudo ya se gasta una cantidad en una matrícula anual para un gimnasio al que irán esos dos meses (principio de curso, principio de año tras la navidad, rollo bikini y ya), donde tienen superdetodo de la muerte y puedes meterte a las clases que quieras, sin información adecuada ni asesoramiento, ni plan, ni monitores dedicados a los que se deje trabajar o se pague bien, en grupos inconstantes y masificados. No se me entienda que me meto con los gimnasios en general: todo puede hacerse bien y quien se sienta aludido que reflexione si le apetece.

“Es que hay crisis, y como sale más barato…”, me dicen algunos. Pues yo lo plantearía de otra forma: aprender es lo que sale más barato. Y si no consigues más que el cosmético y ya habitual “evadirse un rato” (del que hablaremos pronto) o un inconcreto “sentirse bien”, simplemente te han vendido una droga mediocre, adulterada y cara. La autonomía y una verdadera “educación física” (no lo que nos enseñaron en el cole, no las reglas del bádminton, con perdón del bádminton) son baratas: la información circula libre hoy en día, aunque perdida entre una nube masificada de falacias y tópicos obsoletos y negocios de diversa índole.

Ese sistema es rentable para alguien, como siempre pasa, en un esquema que reproducimos por habitual y aprendido, pero cuya apariencia de consistencia se desmorona en cuanto uno lo analiza crítica y honestamente.

Bien, señor negativo, ¿qué ofrece usted pues? Además de jugar, aprovechar trayectos, bici y perro si lo hubiere. Si no somos de ir solos, hacerlo algo social, quedar con gente. Aunque no nos olvidemos de ese mágico momento solitario… Ampliar rangos y escalas; usar lo pequeño, entrenando y jugando con lo cotidiano, que siempre está a mano, como lo de usar la mano no dominante para pequeñas tareas o aprovechar la limpieza. En definitiva, eliminar la frontera entre lo que es “deporte” y todo lo demás. Y si salís a correr por vuestra cuenta, o lo que sea que os apetezca hacer, observad y escuchar a vuestro cuerpo, y tened en cuenta que cualquier ejercicio puede ser practicado correcta o incorrectamente, y ser maravilloso o lesivo.

domadorUn entrenador personal no tiene por qué ser ese mastuerzo ridículo que hemos visto en la tele, que parece limitarse a gritar “¡¡VAMOS, MIERDECILLA, DIEZ MÁS, SIENTE EL DOLORRR!!”, ni un payaso con un polo que te enseña a jugar a pádel en exclusiva y por un dineral en un club de campo (con perdón también de los payasos).

Desde luego que puedes usar ese compromiso que impone un trato, pues te llamaré y te pediré cuentas, y te haré un seguimiento y te iré diciendo que viene después según tus objetivos. Y no estoy solo, pues por muchos consejos que pueda dar sobre temas afines, será útil y a veces necesario un repaso completo y profesional de dieta, control de lesiones, quizá un psicólogo, etc. Para esos colaboradores también es buena manera de trabajar, porque saben que ayudando a mis clientes además de ganarlos como clientes propios, verán su trabajo apoyado, complementado, y nunca caído en saco roto.

HowToRun

Quisiera animar a cualquiera que no desee o pueda trabajar conmigo, pero que comparta no obstante este enfoque o se sienta curioso o animado por él, a escarbar, desbrozar, estudiar, leer mucho, practicar, comparar, consultar y equivocarse más de una vez, durante un par de años o de lustros, y listo. Si os parece un poco demasiado y ya tenéis otra vida y otro oficio, tal vez os baste con acordaros de moveros y respirar, y usar las escaleras. Pero aquí me tenéis, y en todas partes debería haber otro freak del asunto como yo, si os queréis remangar y hacer cambios… ¡estaremos encantados de ayudar!