Reflexiones de un turista pedante

A veces se dice que con ciertos amigos ya no necesita uno enemigos. Cuando me tomo la molestia de destripar alguna publicación, no es en base a mi gusto o disgusto sobre el posicionamiento a favor o en contra que se muestre en el mismo. Prefiero un buen argumento en contra, con el que poder ajustar mi interpretación de un asunto -que es como se aprende- que uno falaz a favor, por muy bien que me venga.

Cuando Deshimaru vino a Europa quería prevenir eso: que se conociese en Zen en Europa pero en base a errores que lo desvirtuasen. refrescozenA Deshimaru le preocupaba que en Occidente se adquiriese la deformada y mercantilizada versión de su práctica que había llegado de otras disciplinas. No sé hasta qué punto lo consiguió, visto lo visto. En cualquier caso, el impacto de su escuela, hoy con sedes en toda Europa y más allá, fue notable y dejó un poso interesante en la cultura popular. A día de hoy, en Francia, “rester zen” (algo como “mantener la calma”) es una expresión común y coloquial más inocente que la nueva acepción de “vibración” acuñada en los EEUU y que tanto florece a hora en todas partes.

Me gusta el ejemplo de la AZI porque funciona como algo abierto a compartir la tecnología de “mindfulness” sin ligarla para el público a carácter religioso alguno más allá de la experiencia. Desligar una serie de técnicas útiles de su origen cultural puede ser interesante y a veces necesario quizá, pero sustituirle un relato de base por otro, más superficial y que no aporte más que los propios prejuicios culturales, no es bueno para nadie más que para el que se limita a adaptar sus argumentos de venta.

Comparen lo que sale en Google buscando "yoga" sin más...

Comparen lo que sale en Google buscando “yoga” sin más…

Me refiero en este caso al qìgong, o chi kung (pronúnciese en ambos casos como en el segundo), debido a un artículo publicado por el opinador Vargas Llosa (“Elogio del qigong”, en El País, el 24 de agosto de 2014, que podéis buscar y leer, pero espero me disculpéis que no enlace por ciertas razones).

Desde luego que me parece bien que se difunda y practique el chikung, pero un periódico con medios puede difundir si quiere buscando a gente que sepa de qué habla. O que lo haga con sentido. En fin, siendo sólo un artículo de opinión la responsabilidad es cosa de Mario. Dudo que ningún periódico le buscase como autoridad en el asunto si fuera cuestión de divulgación.

...con un yogui "nativo" en su contexto.

…con un yogui “nativo” en su contexto.

Pero a pesar de ello este artículo me huele como otros que desde círculos escépticos se critican como coladuras magufas en la “prensa seria”. ¿Por qué? Porque se publica y se enlazará hasta la saciedad, cumpliendo su función de mero anuncio publicitario de la clínica que se nombra, como bien sabe el autor, a costa de extender una visión deformada. Y se difundirá porque queda bonito y porque lo escribe alguien famoso, aunque sin mucha idea del asunto. Puesto que todos harán palmas y lo publicarán en el blog de su centro de buen rollo holístico como un valioso aval, un servidor, cual es costumbre, se ofrece a poner el contrapunto.

Comienza el escritor recomendando el ayuno, lo que ya me chirría como introducción, y dejando claro el carácter general y la intención del artículo al meter el anuncio y presumir de su ignorancia en las materias sobre las que se dispone a escribir, ya desde el primer párrafo. Le basta con el inane argumento de lo milenario cuando paradójicamente critica no sé qué retórica bobalicona. Tras leer el articulo, no sé qué puede merecer a su criterio tales adjetivos. Lo que haya aprendido en su retiro para señores ricos vestidos de blanco o quizá viendo películas de Steven Seagal le ha llevado a una idea algo estúpida de las artes marciales, una visión burda “difícil de explicar pero evidente para quien…” para quien construye un discurso comparando dos cosas, a pesar de conocer sólo una y muy superficialmente.

Pero se ve que se siente tan blandito y en paz que no tiene reparo en insultar aquello que se supone intenta defender, luciendo con orgullo su arrogancia cultural.

El chikung nunca se ha “independizado” del taichi chuan (si es a eso a lo que se refiere con tai chi), y sigue por definición más cerca de las artes marciales chinas -externas e internas- que de esa práctica vacacional por remordimiento típica de occidente. Desde luego no es “lo contrario”. Quizá unas vacaciones pijas en Marbella alimentando el ego con ejercicios orientaloides sí lo sea.

Las Artes Marciales, por otro lado, necesitan de una traducción tanto de arte como sobre todo de marcial, que no procede ahora aclarar aquí, aunque pronto lo haremos. Diré simplemente que Mario se limita a adoptar una postura infantil sobre el asunto que sólo refleja sus propios prejuicios y su desinformación (“un maestro musculoso rompiendo ladrillos”…)

Como ejercicio para la “paz y la salud”, el chikung difundió su uso entre una gente másqigong bien sumisa  (eso será la paz) que tenía que matarse a trabajar y prefería no morir del todo cada jornada (eso será la salud), y que desde luego no ayunaba por esnobismo.

Era para aumentar las capacidades ajustando los requerimientos mínimos más que para gestionar excesos. Y en todo caso, lo que sobra se excreta y debe desecharse, no sirve de alimento si no es a las plantas; eso me ha dado mucho asco, aunque no sé si es lo que más.

La música es una muleta bastante útil que suele usarse aquí para quien no sabe estar en silencio (“nunca más de media hora”, según él), y en sí no está mal del todo, aunque no me imagino a ese chino de hace siglos -¡milenios siempre vende más!- en una China de cuento donde nunca ha habido “guerras, miseria y sufrimientos” porque practicaban chikung, con música en directo en la puerta de su casa cada vez que se ponía al asunto.

Ahora bien, lo del espejo me ha rematado. Además de ser el mismo caso del agricultor anterior -que no necesitaba más espejos que su sombra y los charcos, aunque si era pudiente quizá tuviera alguno de bronce-, diría que mirarse al espejo comparándose con un modelo externo está más cerca de un trastorno alimentario que del qìgong.
¡Oh, crueles y despiadados cócteles! Por mucho que ayunes, siempre te seguirán a donde vayas.

 

 

Personas y personajes

“Muchos hombres cometen el error de sustituir el conocimiento por la afirmación de que es verdad lo que ellos desean”

Bertrand Russell

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Cada vez me pasa menos -uno va adquiriendo cierto tacto-, pero a veces alguien sehypocrite levanta y se va, o no vuelve más, herido por un comentario que a cualquier otro humano le resultaría inocuo. Por lo que a menudo suelo avisar previamente. Me preguntan: ¿Y por qué insistes siempre en que no respetas nuestros personajes?

Fiel a la línea veraniega, aviso desde ya que sé que doy demasiadas cosas por supuestas y que escribo desordenadamente pasando de cualquier manera sobre temas que dan para mucho más.

Dicho esto, insisto: No seré yo quien alimente la cómoda imagen que cada uno se hace, o le siga el juego más de lo necesario. En especial la autoimagen de quienes vienen diciendo buscar apoyo para un trabajo personal honesto y sobre todo la de los que me recitan frases sobre el ego que leyeron en complacientes best-sellers de “autoayuda“. Puede sonar agresivo, pero no lo es realmente; es un juego, con reglas equitativas, y no va de ganar:

Joshu y un novicio practicaban un juego dialéctico. El objetivo era no quedar por encima. Acordaron que el “ganador” compraría un pastel de arroz.

Joshu dijo: “Soy un burro”
Bunon dijo: “Soy el culo del burro”
Joshu dijo: “Soy la mierda del burro”
Bunon dijo: “Soy el gusano de la mierda”
Joshu dijo: “¿Y qué haces ahí?
Bunon dijo: “Veraneando”
Joshu dijo: “Vale, ve a comprar el pastel de arroz”

(Esta y más cosas del “House” de los maestros Zen, aquí)

 

Me daría una pereza horrible tener que llamar a algunos de tú y a otros de usted y recordar a quién. Entiendo la necesidad de una integración identitaria, de un proceso de individuación sano que nos provea de una referencia para movernos en sociedad, siendo esta un “zoo humano“, como dice Desmond Morris. Concretar las posibles pautas comunes, instintivas, básicas, es otro cantar, un interés más general de nuestro proyecto que no resolveremos hoy, pero de lo que no hay duda es de que aquéllos roles pueden diferir enormemente de una a otra cultura. Son artificiales, culturales, intercambiables y en ocasiones incluso completamente prescindibles. Aunque sí creo en ese ego integrado como una herramienta más, una faceta de nuestra mente, ajustable desde fuera por uno mismo -opción preferible a la pasividad que permite que otros lo hagan en interés de sus propios egos desbocados.

Todo esto no significa perder las formas de cualquier manera, ni el respeto por los estados en que se encuentra la gente. No procede llamar tiquismiquis a un intolerante a la lactosa por no aceptar un café con leche, ni reírse de un ataque de ansiedad, por ejemplo. Y si alguien viene por el pasillo con una cacerola humeante diciendo bien alto “¡voy quemando!”, conviene apartarse sin mucho debate.

Pero las reglas del juego son exigibles a quien dice estar en el juego. Si aun así alguien siente herido su “amor propio”, todos deberíamos alegrarnos porque ese precisamente es un objetivo interesante del juego. Cuando limpiamos ventanas, miramos en busca de manchas. A nadie se le ocurre cerrar los ojos mientras restriega con un trapo de cualquier manera y se dice a sí mismo “esto está impecable, debe estarlo porque yo decido creerlo así y yo creo mi realidad…”

La contradicción entre, por un lado, la intuición de que algo falla y, por otro, nuestro carácter gregario e inercial es una de las cosas que nos hacen sufrir. Una faceta del conflicto interno que cargamos. Pero todos actuamos como agentes del sistema, que puede funcionar por sí mismo con sólo inculcar ciertas premisas básicas (como por ejemplo el dinero como fin). Por lo que esa intuición no basta, como vemos constantemente. Al ser borrosa es fácil de falsificar y es susceptible de ser reciclada en favor del propio sistema de consumo (ver capítulo 2 de “black mirror”). Está muy de moda la sugerencia newager de dejarse llevar por la apetencia, una especie de hijo bastardo mutante de la idea taoísta de flujo. Puede apetecerme fumar o no ponerme el casco y en ambos casos la cabeza puede tener algo importante que decir.

Tras una visión clara y directa (mediante estudio, meditación o shock, es igual) ya no puede uno volverse atrás sin reconocerse como  un traidor. Por suerte, para eso también hay productos milagro… La mente tiene soberbios mecanismos de defensa otorgados por nuestra evolución en un entorno directo muy diferente a un zoo-ciudad. Nuestra psique no permite que uno se reconozca como nada que tenga por “malo”, y rápidamente busca a quien pueda cargar con la etiqueta. De modo que hace trampas, justifica sus actos, y nos separa de las personas (al convertirlas en “extras de mi película”, y obviando que ellos también tienen su propia película), usando un juego de valores opuestos. Y hay escuelas que tienen esto muy pulido. Por eso se medita dejando eso en paz, ya no hay bueno que respetar ni malo que justificar, y así uno puede ser honesto y enfrentar los propios asuntos.

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Esa dualidad es por definición una convención estructural con muchas implicaciones. La separación de uno con el entorno (“no dos”, yoga, tao) desde Platón, incluso desde Abraham en adelante, hace necesario el analgésico que se nos ofrece en forma de roles de pertenencia. Uno es hijo y padre, vecino, español, moreno, licenciado… pero identificarse con eso es un error siempre que uno no sea capaz de expresar algo más, algo propio, convirtiendo ya no su oficio sino la ocupación de su lugar en el mundo en un arte (en el que por fin no sobraría ni faltaría nada, y “no se generaría karma”).

Cuando uno empieza a dar clase, pronto tiene una primera oportunidad de reconocer que también se es siempre alumno y otras mil cosas. Que es igual de vulnerable e incompleto que el resto. Que los profesores mediocres y acomodados que podemos haber conocido en nuestro periplo particular no planearon llegar a ser así y lo mismo puede pasarnos a nosotros o estar pasando en este momento. Si todo tu entorno te da la razón, debes preocuparte. Aunque desde luego esto no justifica a los autoproclamados “galileos perseguidos”, que paradójicamente suelen estar en el lado de los que condenan galileos.

“Si quieres saber todas las lenguas, háblalas entre los que no las entienden”

Fco. de Quevedo

No puedo identificarme como “profesor” sólo porque enseñe: no lo soy todo el tiempo, ni de todas las materias, ni de todas las personas. De modo que, en las clases, jugamos a ello, y el respeto social no es mas que el respeto por esas normas de juego. Pero he de avisar, y por eso lo hago, de que me niego a tomar esas leyes como universales, por lo que en mi trato contigo como humano, respetaré al humano que veo, pero no a tu personaje, más allá de la cortesía necesaria que implica el querer realmente comunicarse por encima de las formas.

¿Es lícito negar a otros la posibilidad de cometer errores, cuando es así como aprendimos nosotros?

¿Es lícito negar a otros la posibilidad de cometer errores, cuando es así como aprendimos nosotros?