Poderes mágicos normales II: Viajar en el tiempo

(Ver “Poderes mágicos normales I: Lectura de pensamiento“)

espiral tiempo Viajar en el tiempo. Otro poder muy deseado y con el que se fantasea mucho en la ciencia-ficción. En el mundo real, este poder es de lo más normal, aunque como siempre con las limitaciones que tanto gusta de imponernos la naturaleza. Pero dentro de eso es fácil. De hecho no hay que hacer absolutamente nada.

Para cualquiera que se fije, resultará obvio que todos viajamos en el tiempo siempre, continuamente. Con el detalle de que sólo lo podemos hacer hacia adelante y poco a poco.

El futuro es algo que cada cual alcanza a un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga
y sea quien sea.

(Clive Staples Lewis)

Como siempre, la inquietud viene de querer más, de nuestra insatisfacción. Pero quisiera fijarme ahora en otra cosa. Aparte de ese inconformismo tan humano que siempre nos lleva a buscar algo más, quizá se dé también cierto exceso de confianza en lo que seríamos capaces de hacer con ese plus de poderes si pudiéramos adquirirlos. Confianza infundada a todas luces, viendo qué es lo que hacemos realmente con los que ya tenemos.

Si no supiera tomar curvas como las toma, ni elegir presas, ya podría correr a 1000 mph...

Si no supiera tomar curvas como las toma, ni elegir presas, ya podría correr, ya…

En este caso cabe preguntarse: ¿Cómo no chocaríamos al ir más deprisa, si ya es muy difícil dejar de chocar contra todo a la velocidad a la que vamos? ¿No sería más cabal asegurarse de controlar semejante barco antes de aumentar la velocidad?

Un barco o no sé qué otro poderoso vehículo imaginar para la alegoría, dado que cada pequeña decisión de una vida puede producir cambios enormes e impredecibles al interaccionar con el entorno. Aprender a pilotar nuestra vida es un trabajo para todo el tiempo que esta haya de durar. Y antes de querer gestionar todas esas interacciones conviene simplemente observarlas, para apreciar la complejidad antes de echar a correr dando por supuesta una ruta que desaparecerá sin piedad conforme avancemos.

A medida que un organismo aumenta su complejidad, el ritmo de lucha y consumación en la relación con su medio tiene variaciones y prolongaciones, y llega a incluir dentro de sí una interminable variedad de subritmos. Los designios de la vida se amplían y se enriquecen, la satisfacción es más compacta y tiene matices más sutiles.

(John Dewey)

La opción habitual en la ciencia-ficción no es ir más deprisa, sino directamente saltarse intervalos y aparecer en otro momento. Eso -lo siento- tampoco se puede, además no sería “viajar” sino teletransportarse, así que prefiero centrarme en cómo manejar esta “velocidad” que nos viene dada.

Ese ver cómo se menea, camina, surfea uno el mundo conforme este bulle sin descanso, ese adaptarse al tiempo y formar parte de este con sus pulsos y sus racimos de eventos y sus aparentes vacíos, todo eso es ritmo. El ritmo es importante para andar, hablar y respirar. Para el sexo y para el trabajo. Para todo lo que tenga relación con el tiempo. En las artes marciales y en los deportes de contacto, hablamos de timing: hay que sentir el ritmo propio y el del oponente para seguirlo o romperlo según convenga.

ali timingAprender a pilotar no necesariamente debe de centrarse en la velocidad. Y menos en el caso del tiempo dado que podemos percibirlo diferente, pero no controlar el acelerador más que sintiéndonos parte de más y más eventos. Aun siendo deterministas nos queda el hueco de poder tomarnos ese pilotar como elegir hasta donde se pueda la parte que se habrá tenido en lo que está por suceder.

Apoyarse en cadencias (las rutinas de una disciplina, el respeto por los ciclos y curvas del entorno y nuestro propio mecanismo, los ritmos sociales…) es una habilidad que ahorra energía. Puedo tomar la decisión de subir en cada uno de los escalones (cosa agotadora que curiosamente hacemos cundo estamos cansados), o bien decidirlo y ponerme en marcha en el primero y subir los demás como un solo movimiento, aprovechando para cada escalón el impulso del anterior.

Puedo pensar y calcular para cada movimiento o sólo mecerme, y sustituir un afán imposible de control constante por concisos ajustes en medio de un no hacer. Como una nave espacial que sólo enciende un instante los motores para corregir trayectorias, pero avanza la mayor parte del tiempo dejándose llevar. O como nadamos a brazadas pero siempre sustentados por el agua.

Un exceso de confianza en esa inercia nos llevaría a estrellarnos, y un exceso de cálculos y decisiones a la parálisis o a la ansiedad, porque inevitablemente seremos incapaces de controlarlo todo.

En cualquier arte y en cualquier ciencia no debe ignorarse el ritmo.

(Miyamoto Musashi)

Pero no nos compliquemos. Desde un punto de vista más simple, es tan sencilla la cosa como escuchar. Sólo escuchar para bailar y cantar, porque hagamos lo que hagamos de una u otra forma todo es ritmo. De eso va el vídeo que os ofrezco.

Disfrutadlo, importante activar el audio.