Sobre sueños e ilusiones

Uno de los asuntos fundamentales a la hora de manejar la comunicación necesaria aquí, es comprender la comunicación misma. El lenguaje es simbólico, y las palabras son flexibles y malinterpretables. Lo útil es el concepto que se forma en nosotros y el uso que le damos.

Un ejemplo común de polisemia es la palabra “sueño”. Al igual que “ilusión”, puede reflejar la idea de una meta práctica que nos sirva de referencia, así como también un espejismo que nos puede confundir. Un espejismo en un desierto es una ilusión, una falsa realidad que puede llevarnos a una falsa esperanza e incluso a la muerte. Pero una interpretación valiente y sensata de lo que puede ser una ilusión, una esperanza razonable y realista, un objetivo realizable que oriente nuestros esfuerzos, puede ser muy útil.

El desapego al plan trazado permite no bloquearse, pues el mundo es cambiante y conforme se avanza hay que adaptarse fluidamente. Esto es inteligencia. Caminar dispuesto a reconocer la impermanencia, navegando con decisión sobre un mar impredecible, aprendiendo a dejarse flotar, y mantener el rumbo aunque los vientos a cada momento cambien de dirección.

mantarraya

Se dice en la India que uno sólo posee realmente lo que no puede perder en un naufragio. Y también dicen los marineros que la mar puede convertir a todo hombre  en cobarde. La percepción dual puede hacer que nos veamos como un barco, algo aparte, separado de las aguas en las que nos sustentamos y con las que luchamos vanamente. Pero también podemos sentirnos como una gota en esas mismas aguas, parte de ellas. Una gota mágica, con voluntad, que conserva una tendencia al tiempo que permanece unida al conjunto con el que baila más que pelear.

Soñemos, pues, en una acepción valiente: no deseando que tus planes vengan a ti, sino fluyendo hacia ellos como un juego esencial. ¿Te atreves?

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