El ejercicio como realización humana

Es lícito preguntarse siempre por qué hacemos lo que hacemos. El ejercicio no es cosa de moda aunque hoy por hoy sea un producto más de consumo. Siempre ha estado ahí y lo llevamos con nosotros.

Sencillamente, hemos evolucionado adaptándonos a un medio desde nuestra condición animal. El entorno urbano es demasiado reciente como para que no nos resulte extraño movernos entre sus limitaciones.niños jugando

Cuando hablamos de “realización” no nos referimos a otra cosa que a la práctica activa de la propia naturaleza, y esta incluye un movimiento mucho más abierto y amplio que el de las máquinas de un gimnasio, aparatos que se inventaron para rehabilitar personas enfermas.

Y los que no creemos en una separación real de mente y cuerpo contamos con que siempre será más completo un ejercicio que incluya la oportuna atención e implicación con el entorno. Para mí tiene más sentido correr para llegar a la cima de un monte, que hacerlo en círculos contando vueltas y calorías, o en una cinta con los auriculares puestos.

Este vídeo, minidocumental de una serie que la BBC encargó a David Attenborough para rellenar huecos de programación, lo expresa mejor que yo. Este se supone que es el primer sistema utilizado por los primeros grupos de cazadores humanos en las praderas africanas de hace muchos milenios, y así lo siguen haciendo hoy. Propongo ponerse en el lugar de este digno hombre de las arenas del Kalahari, como él se pone en el lugar de la presa a la que honra al reconocerla respetuosamente como parte necesaria de sí mismo y no como objeto, y al reconocerse como parte del mismo cosmos en que ambos viven y luchan por su vida.

(Texto de la locución en español, en los comentarios)

A todos esos humanos, así como a todos los bichos que han evolucionado corriendo como forma de existencia, les debemos al menos una buena carrerica de vez en cuando.

8 thoughts on “El ejercicio como realización humana

  1. “Cazan en silencio. El signo de la mano indica que uno de ellos ha encontrado el rastro de un grupo de khudus. Este es el “pueblo de la arenas”, en el desierto del kalahari. La última tribu de la Tierra en utilizar el que algunos creen es el primer sistema de caza humano: la cada de persistencia. Agotan a su presa.

    Sienten el ritmo de la marcha de los animales por la separación de las huellas: no se están moviendo deprisa.
    Los animales se asustan. Los cazadores se concentran en un macho grande: tiene grandes cuernos, por lo que se cansará antes. Para ello, deben separarle del resto de la manada, para que el rastro no se confunda con el de los otros.

    El sol está justo encima de la cabeza, y los hombres siguen los pasos del khudu. Se está ralentizando. Tras horas de rastreo, muestran un elevado nivel de concentración. A ratos es imposible ver huella alguna, y los cazadores han de imaginar el camino que habrá tomado el khudu. El calor pega duro a los cazadores, pero ya están suficientemente cerca para el siguiente paso de la cacería: la persecución.

    Esta es la señal para empezar. Pero solo a uno le toca: Koroe, el corredor. Este debe ser implacable. Ahora es una prueba de resistencia: quién colapsará primero, el hombre o el animal. Así se cazaba antes de las armas, cuando los humanos no tenían nada más que resistencia física para conseguir su premio. Correr sobre dos piernas es más eficiente en largas distancias que correr sobre cuatro. Un hombre suda por todo su cuerpo, con lo que se refrigera; un khudu en cambio suda mucho menos y ha de encontrar una sombra para enfriarse. Y el hombre tiene manos para cargar agua con la que reponer la que pierde al sudar.

    Las horas pasan y Koroe se está acercando. Pero entonces el khudu corre a la maleza, y el rastro desaparece. Koroe intenta ponerse en el lugar del khudu y reproduce él mismo el momento en que aquel debió refugiarse a la sombra. Deduce la dirección que debe haber seguido después. Está ahí mismo.

    La caza ha durado ocho horas. Ambos están al limite de sus fuerzas, ninguno podría aguantar mucho más. Entonces, el khudu colapsa, de puro agotamiento. Está cerca de la muerte. El lanzamiento de la lanza de Koroe es poco más que un gesto simbólico.

    El cazador paga tributo al coraje y fuerza del animal con gestos ceremoniales que aseguren que su espíritu vuelva adecuadamente a las arenas del desierto de las que vino. Mientras estuvo vivo, corrió y respiró con él, sintió cada movimiento en su propio cuerpo, y en el momento de su muerte comparte su dolor.

    Se frota la saliva del animal en las piernas, para aliviar la agonía de sus ardientes músculos, y da gracias por la vida que ha tomado para sostener las vidas de su familia, que le espera allá en el poblado.”

  2. Joder, macho… del principio suave al colofón, has conseguido meterme entre las orejas las ganas de correr. Y ahora tengo un sistema fácil para recuperarlas cuando desaparezcan: este post 🙂

  3. Bueno, yo no corro, pero debería empezar a planteármelo aunque sea en zona blanda (playa). Pero lo que si hago, es andar, pero no paseos lentos, sino en modo marcha, caderas al poder, con (te cojo la frase del Zhan ghuan) un ojo mirando para dentro, y otro para fuera. Y sobre todo con mis fieras. Es mi modo de meditación, y sí, en silencio, sin música, sin el cacharrito de MP3 que estoy cansada de ver a los corredores urbanos. Me pondría a escribir sobre ello, pero ya lo hice en mi blog anterior http://entonceselamornossepararadenuevo.blogspot.com.es/2011/03/un-paso-tras-otro.html
    un abrazo, sifu.

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