La mente se extiende más allá del cerebro

Nota previa a la traducción:
Me he molestado en traducir este artículo para traerlo por varias razones. Trata sobre algo que para mí está más o menos claro desde hace mucho tiempo, y es un gustazo encontrar cosas así de bien expuestas y tomadas en serio por gente seria.

No se alarmen, nada que ver con fantasías o pretensiones aparentemente relacionadas como las de R. Sheldrake, de las que no trataremos aquí. Esto es un asunto práctico que simplemente aborda la necesidad de reinterpretar ciertos esquemas sobre nuestra “relación con el mundo” y sobre la cognición en sí.

Me interesa publicarlo aquí pues está relacionado con el trabajo que hacemos en clase y conceptos como “pensar con el cuerpo” o incluso con la “comunión con el entorno” de esta y otras disciplinas. También da sin duda para debatir con unas buenas cañas…

Enlace al original. ¡Buen provecho!


LA MENTE SE EXTIENDE MÁS ALLÁ DEL CEREBRO

(Keith Frankish en aeon.co)

¿Dónde está tu mente? ¿Dónde se produce tu forma de pensar? ¿Dónde están tus creencias? René Descartes pensaba que la mente era un alma inmaterial, que se encuentra en la glándula pineal, cerca del centro del cerebro. Hoy en día, por el contrario, se tiende a identificar la mente con el cerebro. Sabemos que los procesos mentales dependen de los procesos del cerebro, y que las diferentes regiones del cerebro son responsables de diferentes funciones. Sin embargo, aún estamos de acuerdo con Descartes en una cosa: todavía pensamos en la mente como (en una expresión acuñada por el filósofo de la mente de Andy Clark) brainbound [encerrada en la cabeza], comunicada con el cuerpo y el mundo exterior, pero separada de ellos. Y esto podría ser muy incorrecto. No estoy sugiriendo que la mente sea algo no físico ni dudo de que el cerebro sea fundamental para ella; pero podría ser que (como Clark y otros argumentan) la mente se extienda más allá del cerebro.
Multiple-Brains-1Para empezar, hay razones de peso para pensar que muchos de los procesos mentales están esencialmente encarnados. El punto de vis
ta que acota la mente al cerebro se figura a este como un poderoso ejecutivo que planifica todos los aspectos de la conducta y envía instrucciones detalladas a los músculos. Pero, como el trabajo en la robótica ha ilustrado, hay formas más eficientes de hacer las cosas, que la naturaleza casi seguro que emplea. Los robots biológicamente más realistas realizan patrones básicos de movimiento de forma natural, en virtud de su dinámica pasiva, sin el uso de motores y controladores. El control y el impulso inteligente se logran entonces mediante la supervisión y el ajuste continuados de estos procesos corporales, compartiéndose así la tarea de control entre el cerebro y el cuerpo. Del mismo modo, en lugar de la recopilación pasiva de información para construir un detallado modelo interno del mundo externo, es más eficiente para el sistema de control mantenerse sondeando activamente el mundo (“usar el mundo como su propio modelo”, tal como lo dice el robotista Rodney Brooks), recopilando solo la información suficiente a cada paso para avanzar en la tarea en proceso. Dicha estrategia se basa esencialmente en la actividad corporal.

Además de estar en el cuerpo, los procesos mentales también pueden ampliarse para incorporar objetos externos. Clark y su colega el filósofo de la mente David Chalmers proponen lo que desde entonces se ha llamado el Principio de Paridad, que dice que si un artefacto externo realiza una función que nosotros consideraríamos como mental de producirse dentro de la cabeza, el artefacto es (en el momento) realmente parte de la mente del usuario. Para ilustrar esto, Clark y Chalmers describen a dos personas, cada uno tratando de averiguar dónde encajan diversas formas de un rompecabezas. Uno lo hace en su cabeza, formando y haciendo girar las imágenes mentales de las formas, y el otro pulsando un botón para rotar las formas en una pantalla. Clark y Chalmers argumentan que si el primer proceso cuenta como mental, el segundo también debería. Lo que importa es lo que hace el objeto, no dónde está colocado (comparar cómo una máquina de diálisis portátil puede ser parte del sistema excretor de una persona). La razón es la misma que para la identificación de la mente con el cerebro en lugar del alma; la mente es lo que sea que lleve a cabo las funciones mentales.

El Principio de Paridad no se aplica sólo a procesos que de hecho podamos realizar en nuestras cabezas. Piensa en hacer una división larga con lápiz y papel. Pocos de nosotros podemos hacer esto de cabeza, manteniendo todas las etapas en la memoria, pero si pudiéramos, sin duda lo consideríamos como un proceso mental, por lo que -aplicando el Principio de Paridad – debemos considerar también el proceso con lápiz y papel como proceso mental. Una extensión también puede ser una mejora.

El lenguaje es un medio particularmente poderoso de extensión y mejora, sirviendo, en palabras de Clark, como un andamiaje que permite que el cerebro biológico pueda lograr cosas que no podría hacer por sí mismo. Símbolos lingüísticos proporcionan nuevos focos de atención, lo que nos permite realizar un seguimiento de características del mundo que de otro modo se nos escaparían; y las oraciones estructuradas destacan relaciones lógicas y semánticas, lo que nos permite desarrollar nuevos y más abstractos procedimientos de razonamiento (como en la división larga). Con la pluma o el ordenador portátil podemos construir patrones extendidos de pensamiento y razonamiento que nunca podríamos formular con nuestros cerebros desnudos. En la escritura no estamos simplemente grabando nuestro pensamiento, sino haciendo ese pensamiento (como el físico Richard Feynman observó una vez: “Realmente hice el trabajo en el papel”).

Clark y Chalmers proponen que estados mentales como las creencias, también pueden estar ubicados externamente. Se imaginan un personaje, Otto, que tiene la enfermedad de Alzheimer y usa una libreta para almacenar la información que necesita para guiar sus actividades diarias. Cuando tiene que recordar una dirección, Otto consulta su libreta en lugar de su memoria biológica, y Clark y Chalmers sugieren que la libreta contiene, literalmente, su creencia acerca de la dirección. Funciona como una memoria externa (como un pendrive) comunicada con el resto de la mente de Otto través de una interfaz de percepción. Clark y Chalmers subrayan que la conexión debe ser estrecha para que la libreta tenga este estatus: Otto debe llevarla con él constantemente, debe ser capaz de acceder a su contenido con facilidad, y debe confiar en lo que está escrito allí (por lo tanto, los contenidos de los libros de referencia almacenados en los estantes en su casa no cuentan como creencias suyas). Por supuesto, la creencia en el cuaderno de Otto no es consciente (hasta que Otto consulta el libro), pero tampoco lo son las creencias almacenadas en nuestro cerebro hasta que pensamos en ellas.

Como apunta el filósofo de la mente Daniel Dennett, muchas personas mayores están en la posición de Otto, apoyándose en una serie de señales repartidas por su casa para guiarse a través de sus rutinas diarias, recordatorios de lo que deben hacer, cuándo y cómo. A medida que sus recuerdos fallan, los han descargado en el entorno externo, y tomarlos de sus casas es, como Dennett dice en “Tipos de mente” (1996): ‘literalmente, una separación entre esos recuerdos y gran parte de sus mentes -potencialmente tan devastadora como una cirugía cerebral’.

gadgetsPodrías preguntarte por qué debemos pensar en extender la mente a otros cuerpos y objetos, en lugar de simplemente interactuar con ellos. ¿Hay alguna diferencia? Una respuesta es que, en los casos descritos, el cerebro, el cuerpo y el mundo no están actuando como sistemas separados que interactúan, sino como un sistema acoplado, bien engranado por complejas relaciones de retroalimentación, y que tenemos que mirar el conjunto a fin de entender cómo se desarrolla el proceso (vale la pena señalar también que el propio cerebro es un conjunto de subsistemas acoplados).

Por supuesto, pensamos en nosotros mismos como situados en nuestra cabeza. Pero eso es debido a la forma en que nuestro sistema de percepción modela el mundo y nuestro lugar en él (reflejando la ubicación de nuestros ojos y oídos), no porque nuestro cerebro esté ahí. Imagina (si no es demasiado horrible) que tu cerebro vivo se retira temporalmente del cráneo, con las conexiones nerviosas intactas, con lo que podrías sostenerlo y mirarlo. Te seguiría pareciendo estar en tu cabeza, a pesar de que tu cerebro estaría en tu mano.

Si la mente no está limitada por el cerebro o en la piel, ¿dónde acaba? ¿Cuál es la línea divisoria? La respuesta corta es que no hay tal línea -no una sola y estable, en cualquier caso. La mente se expande y se contrae. A veces (en el pensamiento silencioso, por ejemplo) la actividad mental se limita al cerebro, pero a menudo se realiza un bucle hacia el cuerpo y el mundo exterior. Es una cosa resbaladiza, que no puede ser contenida.


chalmers[Para los que escuchen bien en inglés dejo aquí una charla del citado Chalmers hablando sobre el concepto de “mente extendida”]

One thought on “La mente se extiende más allá del cerebro

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