La primera cerveza

Imaginemos.

Hace un buen puñado de siglos, alguien se dejó abierto el recipiente donde guardaba el grano, y la lluvia cayó dentro. Aquello fermentó, pero no era tan fácil conseguir comida para ese hombre como para tirarla sin más aunque estuviera pocha. De modo que, con el valor que da el hambre, se decidió a probarlo descubriendo una embriagadora experiencia muy interesante. ¡Debía de ser un regalo de los dioses!

ancient-egypt-beerDeterminado a ver si podía repetir la experiencia, pudo intentar recordar todo lo que dio lugar al brebaje. La orientación del recipiente, la fase de la luna, el tipo de grano… Y en fin, hoy tenemos cerveza, por hacer la historia corta. Pero se tardó mucho en saber a qué se debía eso de la fermentación. Seguramente el procedimiento se fue afinando por ensayo y error desde mucho antes de los asirios y los egipcios, que ya tenían cerveza.

Podría decirse entonces que no es necesario saber nada de las levaduras o enzimas para conseguirla. El problema es que el método de “ir probando” no da lugar con facilidad a un entendimiento general que pueda servir a otros propósitos, no facilita tampoco una respuesta óptima, y además es muy lento y costoso. Cuántas generaciones tras ese hombre imaginado pudieron andar preocupándose por esa fase de la luna, orientación, cánticos etc, como parte del proceso, hasta darse cuenta de que la mayoría de la “receta” era innecesaria.

No sólo innecesaria, sino que a veces nociva: al considerarse asunto divino el sacerdote de turno podría exigir una parte, por ejemplo. Con esta misma lógica, creer en que este mundo funciona gracias a otro mundo paralelo en el que, digamos, se me prometen cosas estupendas -a abonar tras mi muerte-, podría llevarme ya no solo a pagar un tributo innecesario, sino a pagar con mi vida o las de otros. No voy a desarrollar ejemplos de esto, jueguen ustedes que seguro conocerán muchos en ámbitos diversos, desde la política hasta el software.

De modo que, si en lugar de entender cómo funciona algo me quedo con cualquier explicación que me den, con tal de que funcione de forma aceptable, tendré al menos dos problemas:

voltaire creer1- Alguien puede incluir alguna premisa irreal y no podré darme cuenta. Abusarán de mí gracias a ella, pues un enunciado que incluya falsedades puede llevar a cualquier conclusión (“si dos más dos son cinco, yo soy el Papa“).

2- No podré mejorar, cambiar o adaptar la receta. Siempre seré esclavo de un ritual que en sí no aporta nada al resultado que busco, y me tendré que conformar con lo que salga.

¿Se os ocurren más?

12 thoughts on “La primera cerveza

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  4. Derivado del segundo problema, no podrás compartirla con cualquiera. Al ser necesaría la intervención divina, la receta sólo funcionará si te ha autorizado el mismo dios. No podrás saber como está hecha, aunque solo sea por simple curiosidad y hablar de ello.

    • Muy bien, gracias Gustavo.
      No en vano la enseñanza rígida y autoritaria basada en el miedo al profesor es característica de los sistemas dictatoriales: el vicio de preguntar, así como de compartir la información, es un peligro para estos porque produce cambios. El “virgencica, que me quede como estoy”, es el mantra de las víctimas convencidas.

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  6. Total, que lo que funciona, funciona. El resto de parafernalia, los que se aprovechan del enunciado científico primero o descubrimiento a cualquier nivel, es innecesario y muchas veces fruto de la codícia y del ansia de poder de unos sobre otros. Lo que funciona, pues funciona, no hay que darle más vueltas. Buen artículo. Sobre todo hoy en día prolifera mucho guruismo según el cual uno se pierde en detalles sobre ritos y cosas, cuando en realidad obviamos la experiencia en sí. En ese sentido, me acuerdo ahora mismo del zen, no sé por qué, donde se obvia la necesidad de complicados ritos y se va a lo esencial. Me ha gustado.

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