Sobre magia y pensamiento mágico, I

Me preguntan a menudo en las charlas “¿cómo es que atacas el pensamiento mágico, pero has bautizado a tu proyecto con el nombre de Magia…?”

Y me encanta que lo pregunten, ya que lo hacen porque les doy pie a hacerlo. Funciono mejor con el sistema de pregunta-respuesta, aunque luego parezca irme por las ramas.

mickey aprendiz magoAl empezar una charla quizá explico un poco la idea del título “Magia Normal”, explico un poco el concepto de “pensamiento mágico”, pero la conexión entre una y otra cosa es el quid y por ello espero a que surja la pregunta. Después de todo, el enfoque sólo calará entre quienes estén dispuestos a hacer y hacerse preguntas, expresarlas, y conectar asuntos aparentemente opuestos.

El problema con el concepto de magia es como la paradoja del mentiroso. Siendo todo lo real “naturaleza”, si un fenómeno se da, no puede hacerlo fuera de ella. Luego, si se da, no es sobrenatural. Y si es sobrenatural, sólo aparenta darse, siendo esta apariencia lo que deberíamos analizar. Decir “esto es magia” es como decir “esto no es real, aunque lo parece”.

SesgoConfirmación

Tendemos a ver lo que buscamos, o lo que suponemos que debemos ver. El significado de los símbolos, y a menudo su propia calidad de tales, se forma por nuestra expectativa en un determinado contexto.

Estrictamente en este caso nos referiríamos, dentro de la magia, a la llamada magia negra, que pretende saltarse las leyes naturales. Ese precio que los “entes oscuros” piden siempre por sus servicios es la explicación antigua y supersticiosa de una elemental relación causa-efecto, que es algo plenamente natural.

Precisamente la blanca, o magia natural, según el diccionario es “la que por medios naturales obra efectos que parecen sobrenaturales“. La diferencia entonces está en si nos la creemos o no al definirla. Y el hecho es que ciertas cosas parecen reales, o se creen, por ignorancia unida a los múltiples defectos de nuestra percepción y cognición.

Estos son bien conocidos y utilizados no sólo por magos o ilusionistas diversos, sino por líderes religiosos, publicistas, agentes comerciales, etc. En general deberían ser conocidos por todo profesional serio y formado al que interese la comunicación. Ellos saben jugar con la segunda acepción, que prefiero, la de “encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo”. Y, siendo así, en justicia también deberían ser conocidos por todos los demás, en cuanto blancos de esas manipulaciones. Para poder vivir ese encanto y atractivo de la vida en el mundo de una forma libre.

El pensamiento mágico, a pesar de la arrogante vehemencia de algunos (como Mario Bunge), no es exclusivo de personas poco evolucionadas o incultas, es algo común a todos, una parte de la condición humana con la que hay que convivir. Ignorar eso nos lleva a la peligrosa posición de “eso no me pasará a mí”, obviando que todos somos presa de sesgos cognitivos, lo que nos lleva tan a menudo a conductas insensatas.

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