3, 2, 1… ¡Aburrimiento!


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“No conquistamos las montañas,
sino a nosotros mismos”

Edmund Hillary

 

Quizá la frase sea exagerada para lo que voy a decir, pero el verano a veces se hace cuesta arriba. Como una tarde de domingo de esas que tú y yo sabemos.boooring Pero terriblemente larga. Hablo de esos meses que en algún momento de la vida te toca vivir, aislado, con todo cerrado y muerto y la gente lejos y un calor sofocante cual lluvia de plomo fundido que no te deja hacer nada. Por ejemplo.

El símil de la montaña es común y útil. Buscando la frase atribuida a Mandela que dice algo como que tras escalar una montaña descubrimos tras ella otra más grande, me he encontrado, entre otras muchas interesantes, con la que he puesto de Hillary, el primero en coronar el Everest, que he preferido porque me gusta que lo diga desde el otro lado. La montaña es algo a superar, y superar algo es escalar una montaña. La metáfora es reversible. Y a la gente le gustan las frasecicas, pues todos contentos. Pero, ¿por qué el aburrimiento se hace cuesta arriba?

cuesta arribaUn amigo me ha dicho alguna vez que juego con la ventaja que me dan mi carácter y temperamento a la hora de practicar cosas que necesitan cierta introspección. Algo así como “claro, a ti te resulta fácil sentarte a meditar porque ya eres así…”. Quizá los primeros que dijeron eso de que la meditación es el “estado natural del ser humano” lo dijeran porque les salía solo, pero lo que es seguro es que es algo entrenable. A veces también alguien me dice “huy, eso del taichi es muy lento, con los nervios que yo tengo no podría”. Pero el caso es que precisamente el exceso de “nervios” hace más necesario aún trabajar la quietud. Y desde que sentí en mí mismo esa tortura del ansia, así como la del aburrimiento, más necesario me parece.

-¿Cómo puedes recordar eso? Nadie recuerda cómo aprende a andar o a hablar. Además, eso no se aprende de un día para otro: ¡viene de serie!”

Ah, bien, entonces resulta que el aburrimiento es innato pero la contemplación no. Pues la verdad es que nunca hasta hace bien poco me había aburrido, o no me había dado cuenta porque estaba en otras cosas. El aburrimiento, como dicen en el vídeo de abajo, puede considerarse una forma leve y difusa de asco. Incluso en nuestro idioma, aburrimiento comparte etimología con aborrecer. Como tal, es una emoción básica, pero el concepto es cultural.

rollo de claseRecuerdo hacer de niño vanos esfuerzos para entender eso del dolor de cabeza del que se quejaban a veces tan serios los mayores. Por entonces ya me había dado golpes y abierto brechas como todo hijo, pero ese dolor nunca me había quitado el buen humor, de hecho casi nada lo hacía. Me resultaba fácil y natural mantenerlo, quizá por ser de baja intensidad. Siempre he sido más de estar a gustico que de emocionarme desaforadamente. Algo debió pasar en los años siguientes, porque por fin un día obtuve mi dolor de cabeza, y pensé “¡ah, esto era!”.

Uno puede buscarse la perolalgia y también puede aparecer por razones fisiológicas diversas sin que podamos hacer gran cosa. Pero volviendo al aburrimiento, decíamos, ¿nace o se hace?.

En ese tiempo que decía antes, con nueve o diez años, tampoco conocía el aburrimiento. Tanto era así que me costó reconocerlo cuando llegó, sobre todo debido a la imagen de cotidianeidad y poca importancia que parecía tener visto desde fuera. No me cuadraba, “esto debe ser otra cosa”, pensé durante largas semanas, porque a mí me pareció algo terrible. Luego comprendí que decir “me aburro” puede ser una petición seria de ayuda.

Eskorbuto dicen, enumerando cosas del mundo que justifiquen el título de la canción El infierno es demasiado dulce“…y hoy el aburrimiento es el orden del día, ¡contra él no existen las aspirinas!”

Y hablan de un aburrimiento general, institucionalizado, de una condena en masa, y lo dicen desde un momento en el que montoneras de caballo se introducían en España desviando los tediómetros de la juventud, que no sabía distinguir bien qué parte de la oferta de los tiempos implicaba realmente resistir o rebelarse, y qué parte implicaba rendirse. Curiosamente el disco se llama “Los demenciales chicos acelerados”. No digo más.

-Pero, te veo venir, vas a volver a proponerme meditar o la findnullness esa… ¿Cómo curar el aburrimiento a base de aburrirse?

Aburrirse es como llaman algunos a rumiar tareas pendientes en lugar de hacerlas, o al hacer puñetas con los pulgares cuando se habían sentado a meditar y, aunque lo hagamos automáticamente por costumbre, diría que depende de una decisión de la que puede y debe uno hacerse consciente. Si no, el “aburrimiento” se convierte en el chivo expiatorio a quien culpar de nuestra procrastinación. Aprovechemos las citas montañeras que me he encontrado:

“Cerca de la cima siempre hay mil excusas para bajarse y una sola para subir”

Ramón Portilla

 

La excitación y el ansia no inmunizan contra el aburrimiento: al contrario, cada vez te piden más. Es un tópico conocido que vivimos rodeados de una barbaridad de estímulos invasivos. Insisto en el matiz porque los sentidos siempre captan lo que captan, lo que pasa es que cuando nada cambia no se procesa tanta información. Pero los estímulos que ahora nos atacan hacen eso precisamente, robar tu atención, pues ya no son los naturales fenómenos con que hemos evolucionado, entre los que funciona la intuición bastante bien. Estos estímulos están especialmente diseñados por gente que ha estudiado la percepción humana y las formas de manipularla. Nos resistimos a unos minutos concentrados en respirar, con excusas como que no se tiene tiempo, que se gasta por otro lado en entretenerse para evitar el aburrimiento. this class is boringSe sabe que cambiamos de página en internet a los pocos segundos si no nos engancha. Es más, antes de haber leído un tercio ya te están sugiriendo otros artículos y acaba uno volando sobre mil fragmentos sueltos que aportan poco, porque no seguimos un hilo, no tenemos una pregunta recia que resolver, no valoramos la utilidad de “obsesionarse” con algo, que es como llegan los momentos de revelación.

 

“Si algo te aburre después de dos minutos, inténtalo durante cuatro”

Proverbio Zen

 

Solemos pensar en el aburrimiento como causado por las circunstancias, pero las tradiciones contemplativas suelen achacarlo a la falta de atención. Es decir, afirman que lo generamos nosotros al dejarnos despistar.

Al parar, vemos claramente cómo siempre hay infinitas cosicas en proceso, como cuando nos sentamos en un pinar y de repente nos damos cuenta de que no estamos solos, sino rodeados de miríadas de bichejos e historias de vida y muerte que no apreciábamos mientras íbamos caminando y cavilando. Y al escuchar de verdad no hay aburrimiento porque dejamos de querer mandar en las cosas.
Veremos cómo, cuando no se da ese estímulo, el cerebro tiende a inventarlo. Pero cuanto más queremos procesar, más cosas se escapan. Es como estar en el cine y ponerse a comentarle una escena al de la butaca de al lado. No se puede rebobinar: lo que pasa en la peli mientras comentabas lo anterior te lo has perdido. Y además, aunque sólo uno haga “¡chst!” hay muchos más que te odian en silencio.

Hablamos a veces de un proceso de desintoxicación, de deshabituación. A veces el aburrimiento es mono de estímulo, y un estimulodependiente es un yonki que como todos es un interesante target de mercado y será explotado como tal.

Mas el propio aburrimiento puede ser interesante si se observa paciente e imparcialmente.


“No hay atajos a la cumbre. Debemos subir la montaña paso a paso, por nosotros mismos”

Judi Adler

Uf, qué pereza…

En las adicciones se reconocen mecanismos cerebrales, que se ven igualmente involucrados en hábitos que no implican sustancias, esto es: tu cerebro se lo guisa y tu cerebro se lo come. Si el exceso de estímulo puede llevarnos a la anhedonia y la apatía (sobre todo no habiendo una habilidad a desarrollar: no es lo mismo estimularse haciendo deporte que tumbado), podemos trabajar esa relación en el otro sentido. En el árbol jugamos con la relación esfuerzo/tiempo, o en un caso menos extremo, con las pesas ajustamos la carga para hacer pruebas de fuerza máxima sin necesidad de enfrentarse a lesiones averiguando la capacidad muscular en una sola levantada extrema. En zazen, pasamos de aspirar a mantener la concentración todo el rato, sólo nos ocupamos de la respiración en curso y la postura. Conforme baja la intensidad del parloteo interior, el mundo que ya estaba ahí va tomando brillo y nitidez.

Así como, por ejemplo, el miedo puede trabajarse para transformarlo en un subidón estimulante, igualmente puede hacerse con el aburrimiento, que puede verse también como una forma de horror vacui mental. Se puede aprender a disfrutar de la “inactividad” y comprender qué nos dice. Meditar, quietos o en movimiento, es buena forma de aprender a disfrutar de ese denso vacío.

Variantes religiosas suelen incluir la preconcepción de la divinidad de turno como obligada (“El autoconocimiento que persigamos aparte del conocimiento de nuestra identidad en relación a Dios nos conduce fácilmente a la autoidolatría. Éste es el hinchado y ostentoso yo sobre el que nos advierte Pablo en I Cor. 8,1” -David G. Benner), poniendo un peaje obligatorio donde debería haber como mucho una opción.

heavenly-boredom
Afortunadamente, cabe algo de sensatez en todas partes: “Y cada cual debe seguir su arte o profesión (…) No es necesario retirarse al desierto, comer alimentos desagradables, vestirse de saco, comprometer la salud ni hacer nada insensato, porque es posible permanecer en la propia casa sin renunciar a las posesiones personales y, sin embargo, practicar la meditación continua…” (Nicolas Cabasilas). Y alguna vez, más que sensatez, algo que parece una temeraria chulería: “En la esencia más íntima del alma, en el pequeño destello de la razón, tiene lugar el nacimiento de Dios” (Meister Echkhart). Es interesante leer de todo cuando uno se aburre. Otro día hablaremos si queréis de la etiqueta del champú.

Sin esa condición impuesta, la atención plena en posición sedente es un estado que propicia una introspección honesta, y aunque esa idea parece agobiar a quien no tiene costumbre (y por lo visto a Pablo de Tarso también),Boredom es un incentivo natural contra un exceso de inactividad, nos empuja a hacer más que lo justo para sobrevivir, y desde luego a más que fantasear.

Cuando uno tiene lo básico resuelto, se aburre más. Por eso está tan de moda lo de encontrar ese algo que nos guste y en lo que podemos ser buenos, algo trascendente que tenga el resultado de hacernos sentir bien, a nivel particular, y que a la vez sea con suerte un aporte al colectivo. Si te pica, ráscate; si te aburres, haz algo de provecho: lo hemos oído más de una vez.

Emile Cioran (que tampoco era montañero ni alpinista que yo sepa pero la cita nos sirve igual) escribió: ¿No sería la historia en última instancia el resultado de nuestro temor al aburrimiento, ese temor que nos hará siempre amar lo picante y lo novedoso del desastre, y preferir cualquier desgracia al estancamiento?”

Ese estancamiento mortal como literalmente funesto para la especie, y las ganas de liarla a cualquier precio para sembrar una nueva y fructífera incertidumbre, son épica y ampliamente tratados también en la brillante saga “Dune“, de Frank Herbert. Y ya fuera de la ficción, vuelvo a recomendar “El antropólogo inocente” de Nigel Barley, un hombre que sabe aburrirse como Dios manda y hacer que tú te descojones leyéndolo. Y por qué no, ya que estamos, “El derecho a la Pereza” de Paul Lafargue y el “Elogio de la ociosidad” de Bertrand Russell, siquiera por tener interesantes debates sobre el asunto para toda la familia. Pocas otras cosas hace tan bien una familia junta sin aburrirse.

 

“Si te interesas por algo, te fijarás en ello, y si te fijas en algo, es fácil que acabe interesándote. Muchas de las cosas que encontramos interesantes no lo son por naturaleza, sino porque nos hemos tomado la molestia de fijarnos en ellas.”

Mihaly Csikszentmihaly

 

FlowLos afines al “pensamiento positivo” (no confundir con el positivismo; aquí me refiero a un sesgo optimista), se quedarán encantados con este gráfico de la izquierda, que muestra supuestos efectos psicológicos experimentados por quien se enfrenta a un reto de cierto nivel en relación a la habilidad que se tiene en ese momento.

En esto como en otras muchas cosas, al apartar la vista de lo “negativo”, se obvian factores y falta una dimensión, dado que tanto la habilidad como la dificultad que nos encontramos no tienen por qué crecer a la par.flow, Challenge_vs_skill En el minuto 6 del vídeo de vsauce de ahí abajo aparece un gráfico más completo: este otro que pongo a la derecha (ambos están sacados del libro “Flow”, de ese señor de apellido imposible de la cita anterior, y que he conocido gracias al aburrimiento que me llevó a escribir esto). Conviene reconocer la existencia de la apatía, la ansiedad y el aburrimiento, porque negarlos sin más nos llevará a desengaños desagradables. O, en el peor caso, al abandono definitivo de la práctica que sea.

Pues bien, miremos ese esquema de forma realista, y teniendo en cuenta aquello de la montaña de Mandela. Ocurre que a lo largo del tiempo vamos adquiriendo habilidad, y eso afecta a la dificultad percibida. Si llegamos a un punto cómodo pero no seguimos adelante, esto es, subiendo la dificultad (acometiendo la siguiente montaña), caeremos en la complacencia, que es en lo que muta esa relajación del gráfico cuando se estanca.


(efecto coriolis). Esto lo pongo sólo para que quien lo desee pueda quedarse empanado mirando fijamente hasta nublarse la vista.  De hecho, si miras fijamente la bolita negra de la derecha con el ojo izquierdo a unos 20 cm, verás desaparecer la otra bolita en tu punto ciego. De nada.

Conviene exigirse más cuando la práctica vaya camino de ser demasiado fácil; y aceptar nuestra condición de aprendices, cuando es el turno de un nuevo reto, para poder disfrutar las novedades.

 

 

“El camino hacia la cima es, como la marcha hacia uno mismo, una ruta en solitario.”

Alessandro Gogna

Eso se dice mucho pero entiéndase bien: imagino que un alpinista sabe valorar lo que significa tener un equipo, como Roger Baxter-Jones, que dijo lo de “Regresad vivos, regresad como amigos, llegad de la cumbre. Por ese orden”. En general y por no gastar aquí el que puede ser asunto para otra ocasión, aprovecho para declarar sencillamente que aquí estamos en contra del solipsismo. Pero, teniendo eso en cuenta y respecto al presunto tema central de este post, alegrémonos: esa soledad podría sustituirse por aburrimiento en la siguiente frase (de un señor que subió al Everest sin oxígeno y cruzó la Antártida así por las buenas, entre otras cosas, muchas de ellas en solitario) y esta seguiría funcionando, probad:

 

“La soledad es una fuerza que te aniquila si no estás preparado para superarla, pero que te lleva más allá de tus posibilidades si sabes aprovecharla para tu propio beneficio.”

Reinhold Messner

 

Claro que eso también vale para la radiación ionizante, los virus, y millones de cosas más, es lo que tienen las citas sueltas.

En fin, quizá lo que sigue y termina el post hubiera sido suficiente… pero me aburría y no me pareció mal aplicar aquí la máxima de Murphy “Encías Sangrantes” sobre el blues. Espero haberos aburrido y que sepáis aprovecharlo y perdonarme, y os dejo en paz por fin con un vídeo (con seguridad más ligero y posiblemente más interesante que todo lo anterior) y por fin con la última de las citas que tenía en la cesta:


“Hoy, antes del alba, subí a las colinas,
miré los cielos apretados de luminarias
y le dije a mi espíritu: cuando conozcamos
todos estos mundos y el placer y la sabiduría
de todas las cosas que contienen,
¿estaremos tranquilos y satisfechos?
Y mi espíritu dijo: No,
ganaremos esas alturas sólo para seguir adelante”

Walt Whitman

Este es el test de tendencia al aburrimiento del que habla, just for fun (en inglés): http://www.gotoquiz.com/results/boredom_proness_scale

Hay más enlaces sobre el tema en la descripción del vídeo y muchísimos más en la del vídeo original.