Cómo saber que no sé nada

Efecto Dunnin-Kruger TarjetaEL APRENDIZAJE REAL SIEMPRE ES “INTEGRAL”

Si no lo eres, imagina que eres un gran pianista. Si un día te trasplantasen el cerebro, no podrías tocar igual tras la operación así como así. Necesitarías una ardua rehabilitación, porque los dedos de tu nuevo cuerpo no te responderían igual. El cuerpo “aprende”: no es suficiente con tener la información, sino que el “cableado” -la inervación que transmite las órdenes y coordina cada movimiento, así como los tendones y músculos que ejecutan las órdenes etc- también se adapta a la actividad que se entrene.

Hay cierta tendencia a pensar en músculos cuando se habla de entrenamiento, pero en general son menos las cosas no modificables con entrenamiento que las que sí lo son. La capacidad y velocidad de respuesta no sólo dependen de la velocidad a la que viajan los impulsos nerviosos -que no es modificable- sino también de la velocidad de proceso de la información, la coordinación inter e intramuscular, la gestión fisiológica de recursos energéticos y otras cosas que sí cambian y se adaptan a una actividad repetida adecuadamente a lo largo de cierto tiempo.

darwin y el EDKAntes de que los ocultistas de salón de la teosofía publicaran en el s. XIX su Kybalión con pretensiones de misterio y arcaísmo, ya la tradición popular decía que la magia tiene precio. Bien, pues el trabajo comprometido, paciente y humilde que necesito para adquirir las habilidades de un buen pianista, o de un mago-ilusionista, o de un alquimista con resultados tangibles (es decir, un químico) es buena parte de ese precio a pagar.

Entrenar en principio no es más que insistir en algo. Téngase en cuenta que puedo esperar un resultado creyendo que entreno una cosa y estar entrenando otra: el resultado depende de lo que haga, no de lo que crea que hago.

Son tantas las cosas entrenables en nosotros, tantas las “piezas” modificables por la actividad que realicemos a la largo de la vida, que con limitados ingredientes comunes cada vida proporciona una configuración única.

ENTRENAR LA EMPATÍA: SÓCRATES Y DUNNING-KRUGER

A Isaac Asimov le quemaba un poco que se malentendiera esta idea. Maticémosla un poco.

A Isaac Asimov le quemaba un poco que se malentendiera esta idea. Maticémosla un poco.

Un humano equilibrado y polivalente (suponiendo de entrada por bien del ejemplo que fuera lo deseable) lo sería realmente si fuera capaz de hacer más o menos de todo. Pero en principio para eso habría que entrenar -es decir, hacer regularmente- de todo, y eso no puede ser (como esos mil alimentos de los que se dice que hay que comer uno al día y reventaríamos si lo hiciéramos). Como no se puede, hago pocas cosas, pero puedo mirar los factores comunes y elegir materias, disciplinas o prácticas que tengan de todo lo básico que busco. ¿Qué tiene esto que ver con la empatía y la percepción sesgada de los propios logros? Si valoro de forma justa mis logros en lo mío, podré al menos reconocer en qué punto estoy y aceptar que otros sepan más o sean más capaces en lo suyo.

Tendemos a valorar el trabajo propio más que el ajeno. Si por ejemplo dedico mi vida al piano, quizá no podré tocar la bandurria como si nada, o proyectar un edificio en condiciones, pero sí podré extrapolar algo y hacer una cosa que es bastante importante. Podré ponerme en el lugar de los que hacen lo mismo con sus propias aficiones, oficios, dedicaciones, gongfu. No necesito saber sus detalles para empatizar y evitar caer en el efecto Dunning-Kruger. Hay muchos artículos por ahí sobre este sesgo, pero pocos inciden en algo importante: ¿Cómo sé que yo no estoy cayendo en él?

"No sé si es el efecto Dunning-Kruger o es que estoy rodeado de incompetentes"

“No sé si es el efecto Dunning-Kruger o es que estoy rodeado de incompetentes”

Quien nunca ha aprendido ninguna materia compleja tiende a despreciar el trabajo de los que lo hacen, así como sus materias. Por eso personas que no entienden qué es un estudio científico un día los desprecian y al siguiente aceptan -quizá por sesgo de confirmación– uno mal hecho, destinado originalmente a engañar a ese público ignorante -y por tanto indefenso mientras no reconozca esa ignorancia.

"El gran enemigo del conocimiento no es la ignorancia, sino la ilusión de conocimiento"

“El gran enemigo del conocimiento no es la ignorancia, sino la ilusión de conocimiento”

Por el efecto D-K, chavales que llevan dos meses en el gimnasio se burlan de maestros de artes marciales que no entienden. Por eso mucha gente da consejos médicos con demasiada ligereza. Por eso un delincuente inexperto se cree más listo que la policía. Por eso la incultura fomenta la superstición.

Si desde aquí, como compañero de dudas y explorador de mis propias lagunas, he de dar algún consejo al respecto, es que antes de opinar sobre una materia sepas al menos cuántas horas de estudio/práctica y cuántos kilos de apuntes necesitarías para dedicarte a ella, cuántas décadas de historia y cuántas generaciones de genios se han calentado la cabeza antes de que tú, y cómo y por qué desecharon ideas viejas en favor de otras nuevas. Trata con personas que sepan y ejerzan con éxito, que hayan estudiado en profundidad las materias que te interesan o sobre las que te apetece opinar. Pregunta incansable y humildemente, busca las fuentes originales aunque sólo sea para descubrir que en algún punto todo te suena a chino porque sólo tienes una impresión superficial. Y hazlo con gusto, disfruta de todo ello, renunciando a pretensión alguna de reconocimiento o reafirmación, porque cada vez que un nuevo conocimiento sacuda tus creencias seguramente estés en buen camino.

Todo eso antes de asumir cómodamente que el mundo es tan pequeño como tu pequeño mundo, y que tú solico has descubierto la rueda, o que todas las opiniones pesan lo mismo.

Dilbert y el EDK