El taichi es un regalo: forma y envoltorio

Hoy te propongo imaginar un poco. Por un momento eres un extraterrestre que viene a caer a la tierra por accidente, y un día, investigando para entender a los humanos, busca “regalo” en Google. Mira, mira, búscalo, o directamente pincha aquí. Te espero.
idee-cadeauBien, pues está clarísimo, ¿no? Es unánime, ya busques “regalo”, “cadeau”, “gift”, “Geschenk” o incluso en chino: un regalo es una caja con un lazo.

Pues bien, esa es la idea que se queda nuestro extraterrestre.

Investigando más, descubre luego que hay muchas variantes: uno puede hacerse experto en tipos de lazo o en papel de colores. Es “todo un mundo” -como el vino o como cualquier cosa.

reglo o noPero más tarde, como siempre que uno se fija un poco, descubre que hay más. Descubre que el valor del regalo es algo más de lo que fue su primera impresión, hay algo más, hay más niveles ahí. Un conocimiento más profundo le lleva a reparar en que es también algo simbólico que se hace entre particulares más o menos habitualmente, en afectuosos momentos conmemorativos. Así el regalo tiene también un significado más allá de lo material. Hay todo un constructo de correspondencia y reconocimiento entre personas, un protocolo, un ritual…

Con esto y otras consideraciones, empieza a estar seguro de que los intríngulis del asunto (simbólicos, sociales, antropológicos, etc) ya no eran un secreto para él. Después de todo, era muy inteligente y se fijaba mucho.

Cuando volvió a su planeta informó con detalle de todo lo que sabía sobre esas curiosas cajas con lazos, y así le alabaron como el perspicaz explorador que era, ya que les había llevado, sobre esta y otras materias, un conocimiento cierto de los asuntos humanos.

En su segundo viaje, subvencionado gracias a la fama adquirida, descubrió maravillado que se podían abrir... "¡Qué linda bolsa! -dijo- ¿Quién hubiera sospechado que en el fondo un regalo era una bolsita?"

En su segundo viaje, subvencionado gracias a la fama adquirida, descubrió maravillado que se podían abrir…
“¡Qué linda bolsa! -dijo- ¿Quién hubiera sospechado que en el fondo un regalo era una bolsita?”

 

La primera cerveza

Imaginemos.

Hace un buen puñado de siglos, alguien se dejó abierto el recipiente donde guardaba el grano, y la lluvia cayó dentro. Aquello fermentó, pero no era tan fácil conseguir comida para ese hombre como para tirarla sin más aunque estuviera pocha. De modo que, con el valor que da el hambre, se decidió a probarlo descubriendo una embriagadora experiencia muy interesante. ¡Debía de ser un regalo de los dioses!

ancient-egypt-beerDeterminado a ver si podía repetir la experiencia, pudo intentar recordar todo lo que dio lugar al brebaje. La orientación del recipiente, la fase de la luna, el tipo de grano… Y en fin, hoy tenemos cerveza, por hacer la historia corta. Pero se tardó mucho en saber a qué se debía eso de la fermentación. Seguramente el procedimiento se fue afinando por ensayo y error desde mucho antes de los asirios y los egipcios, que ya tenían cerveza.

Podría decirse entonces que no es necesario saber nada de las levaduras o enzimas para conseguirla. El problema es que el método de “ir probando” no da lugar con facilidad a un entendimiento general que pueda servir a otros propósitos, no facilita tampoco una respuesta óptima, y además es muy lento y costoso. Cuántas generaciones tras ese hombre imaginado pudieron andar preocupándose por esa fase de la luna, orientación, cánticos etc, como parte del proceso, hasta darse cuenta de que la mayoría de la “receta” era innecesaria.

No sólo innecesaria, sino que a veces nociva: al considerarse asunto divino el sacerdote de turno podría exigir una parte, por ejemplo. Con esta misma lógica, creer en que este mundo funciona gracias a otro mundo paralelo en el que, digamos, se me prometen cosas estupendas -a abonar tras mi muerte-, podría llevarme ya no solo a pagar un tributo innecesario, sino a pagar con mi vida o las de otros. No voy a desarrollar ejemplos de esto, jueguen ustedes que seguro conocerán muchos en ámbitos diversos, desde la política hasta el software.

De modo que, si en lugar de entender cómo funciona algo me quedo con cualquier explicación que me den, con tal de que funcione de forma aceptable, tendré al menos dos problemas:

voltaire creer1- Alguien puede incluir alguna premisa irreal y no podré darme cuenta. Abusarán de mí gracias a ella, pues un enunciado que incluya falsedades puede llevar a cualquier conclusión (“si dos más dos son cinco, yo soy el Papa“).

2- No podré mejorar, cambiar o adaptar la receta. Siempre seré esclavo de un ritual que en sí no aporta nada al resultado que busco, y me tendré que conformar con lo que salga.

¿Se os ocurren más?

Atención y focalización

Decíamos que el estado de paz interior (entendido como un estado de confort y de control del estrés, seguridad, etc) no es algo irreal, o no tiene por qué serlo. Practicar regularmente la atención plena -sea como ejercicio de higiene mental o para controlar el stress diario, la propia forma de pensar y de implicarse emocionalmente con los pensamientos- es lo que da resultado y esa práctica debería ser el eje del trabajo, aunque se sustente sobre una u otra teoría. La coherencia será lo que le dé validez.

"La muerte de Sócrates", de Jacques-Louis David

“La muerte de Sócrates”, de Jacques-Louis David

Como siempre, todo trabajo personal se puede interpretar de forma más o menos religiosa, según el punto de partida de cada cual. Sin embargo, una explicación fisiológica es completamente plausible. Por ejemplo, la respiración abdominal estimula el nervio vago, con lo que se libera acetilcolina al corazón y este disminuye su frecuencia.  El control postural ayuda a romper el círculo vicioso de una respuesta simpática aumentada (elevación de los hombros, exceso de tensión en la musculatura cervico-facial, etc). Y en los efectos a largo plazo, la propia adaptación del cerebro: el trabajo de la neurocientífica Sara Lazar muestra cómo la meditación de hecho puede no solo reducir síntomas relacionados con el insomnio, la falta de concentración, la ansiedad y el estrés, etc, sino que puede producir cambios físicos en regiones cerebrales clave para la memoria, la empatía y el equilibrio anímico.

thicker cortical areasHay que decir que los datos clínicos, fisiológicos, etc, son importantes, necesarios sobre todo para los facilitadores, para asegurarse de que uno hace algo útil y no peligroso y para saber qué resultados reales se pueden esperar, y se hacen necesarios para evitar caer en manos de indeseables, pero no son la práctica en sí. A la hora de practicar es mejor pilotar desde la subjetividad (por ahí hasta se han inventado el verbo “vivenciar“): esos datos de antes no es fácil que por sí mismos produzcan las sensaciones que nos guiarán en la práctica. Por ejemplo, saber que es perjudicial para la salud no es suficiente para dejar de fumar, explicar cómo funcionan los erectores de la columna no es más útil en una clase de pilates que inculcar una actitud postural de seguridad… Esto explica la necesidad del mito como mapa.

Por eso mientras se medita, quieto o en movimiento, no se teoriza, ni siquiera se ha de valorar la opinión.el-arbol-no-te-deja-ver-el-bosque_-680
La meditación entrena la capacidad de focalización y/o la de desfocalización: no sólo aprendes a “mover el foco” (apuntar a algo y mantener la concentración), me refiero a ampliarlo: se baja el gasto en filtraje e interpretación dejando más recursos a la percepción de los fenómenos, con lo que “caben más” de estos. La atención es más limitada en amplitud cuanto más detalle se busque, así como pasa con la cognición.

FocusDesde el punto de vista del Zen, Dokushô Villalba pone como ejemplo las luces de un cine. Digamos que tenemos una corriente limitada: podemos iluminar toda la sala del cine con la intensidad justa para que la gente encuentre su sitio, o aplicar toda la corriente en un foco hacia la pantalla, viendo así sólo la pantalla, pero con toda nitidez. Cuando fijamos toda la atención en una sola cosa y usamos los recursos de la mente para entenderla e interpretarla, el resto pasa desapercibido.

También se aprende a no confiar demasiado en lo que creemos haber percibido, y a ser humildes con respecto a lo que se nos puede haber escapado, y como resultado de todo ello a ser menos vulnerables a las manipulaciones de quien conoce esos mecanismos (y los pone al servicio del lado oscuro), y a disfrutar del juego sano con que podemos aprender a conocernos.

Poderes mágicos normales I: Lectura de pensamiento

PEROGRULLER  ALERT

PEROGRULLER ALERT

Llega el otoño y con él la recolección de conclusiones de lo sembrado en el desparrame veraniego (la retracción del elemento metal)… si a alguien le apetece reflexionar sobre lo que hizo. Pronto empieza el curso, y se retoman las clases regulares, y me dispongo a ser un poco más positivo, que no todo puede ser despotricar.

También iba tocando seguir aclarando el porqué de este blog, de su título, y las razones de que sea tan puntilloso con ciertas cosas.

Pues como no te muevas te vas a hinchar...

Pues como no te muevas te vas a hinchar

¿Por qué meterme tanto con corrientes que incentivan el optimismo, el empoderamiento personal y todo eso? No suena tan mal. Soy así de antipático, pero ¿es eso acaso lo que hacen realmente?

En cierto modo buscar poderes mágicos teniendo ya los que tenemos es evadirse de la responsabilidad de hacer las cosas. Y lo mejor es que si luego no consigues lo esperado ¡la culpa es tuya porque no fuiste suficientemente positivo -o lo que sea! Como negocio desde luego es perfecto, no se admiten reclamaciones y uno hasta se siente culpable si cree que debiera presentar una. La religión organizada de toda la vida, solo que ahora sin cabeza, lo que puede ser peor aún.

Pero vamos a lo positivo, como decíamos: ¿De qué estoy hablando? ¿Qué poderes son esos que tenemos? Bien, es sentido amplio, y por definición, son todo lo que puedes hacer ahora mismo. Probablemente puedas rascarte un pie. Si efectivamente puedes y te parece poca cosa, recuerda si alguna vez te ha picado bajo una escayola, o imagina no tener pie. Ciertamente no somos nada objetivos en este asunto, y sólo percibimos y comprendemos por comparación. Así, la riqueza o el poder se miden no por “cuánto”, sino por “cuánto más”. Aquí llenamos piscinas mientras que en otros sitios uno lo daría todo por un litro de agua turbia.

El valor de mis poderes depende pues del contexto, ¿y de qué más? ¿Depende del uso y ejercicio que les dé o eso debe ir implícito en la definición? Porque podemos hacer muchas cosas interesantes e incluso necesarias que no hacemos.

Pero vamos al asunto. Por empezar con alguno, este es uno de tus superpoderes:


LECTURA DEL PENSAMIENTO
telepathy

No diré telepatía porque eso en su definición incluye “sin intervención de agentes físicos conocidos”, y aunque uno saque mucha información sólo de la forma de mirar o moverse de otro, la vista implica agentes físicos bien conocidos.

Ya he escrito alguna vez que uno de los poderes con que demasiada gente fantasea, el de saber qué piensan las personas a nuestro alrededor, es algo tan simple que no me da pereza regalarlo. Hay algo al menos que ya sabemos.

Independientemente de su historia particular, tanto un jefe retorcido, como un niño enrabietado, un amigo que niega con la cabeza sonriendo, un tipo que refunfuña andando solo por la calle (o en un blog), todos los conductores iracundos del planeta… quizá demasiado a menudo a todos nos anida lo mismo en la cabeza: que tenemos razón. Muchas cosas en nuestro pensamiento y comportamiento parecen fundamentarse en esto.

Y, por supuesto, a la hora de racionalizarlo, lo común es que vayamos derechos a la acepción de “razón” numerada con el siete en el diccionario de la RAE: “Justicia, rectitud en las operaciones, o derecho para ejecutarlas“, y no tanto al “acto de discurrir”.

discrepanciaPor mi parte creo que la razón debería ser para razonar -como un productivo juego en el que pierde quien se toma demasiado en serio-, no para construir un castillo inamovible y defenderlo ciegamente. La lógica no necesita tanto ser defendida o salvada, como ejercida. Eso de ceder casi siempre lo aplicamos en un solo sentido: nadie negará que suele darse un sesgo a la hora de decidir entre la idea de uno mismo y una ajena. Pero si mi idea honestamente me parece más acertada, ¿no habré de defenderla? Entonces, ¿cuándo parapetarme ante un ataque y cuándo no? ¿Dónde poner el límite?

Hay quien ha propuesto que no hay por qué ponerlo en ninguna parte: no importa si las ideas son tuyas o mías, importa si cuadran con el funcionamiento de las cosas o no. Uno puede tener que defenderse de acciones nacidas de creencias, pero ni la gravedad ni sus leyes, por ejemplo, tienen nada personal contra ti y más vale negociar con ellas que negarlas. Conseguir algo de certeza en otros campos se hace mucho más difícil.

Pero lo que está claro sin discusión es que con muy poco podemos saber más de lo que creemos. ¡Si hasta podemos leer el lenguaje gestual de un coche! Por el rabillo del ojo y sin ver al conductor se nota si ese que viene por la rotonda se te cruzará de carril de mala manera. Tras lustros de navegar rotondas, puedes verlos venir a la legua.

Esa lectura puede entrenarse hasta límites sorprendentes, los echacartas(,) psicópatas y meditadores pueden adquirir buen ojo para eso, aunque sea por diferentes razones y motivaciones.

La gracia es que ese superpoder, desde otro punto de vista, puede (y a veces debe) considerarse un defecto.

Al interpretar el pensamiento de otros tendemos a realizar juicios repentinos sobre los demás, creyendo saber lo que el otro siente o piensa, sin tener ninguna duda al respecto y actuando en consecuencia. En base a ello su pensamiento interpreta, a la vez que se hacen presunciones sobre cómo reacciona la gente ante las cosas que le rodean y particularmente cómo están reaccionando los demás ante uno mismo: por ejemplo: “Los demás piensan que lo que yo digo no merece la pena” […] “No voy a llamarle para salir porque sé que me dirá que no”… La atribución de la evaluación negativa se hace sin presentar dudas ni evidencias y se reacciona ante estos pensamientos como si fuera un hecho real, seguro y totalmente cierto. Se tiende a adivinar lo que piensan los demás sin tener ninguna base que lo justifique y generalmente se hace de forma muy negativa y totalmente equivocada, anticipando y respondiendo en función de nuestra propia interpretación.

También existe la posibilidad de leer a favor de uno y pensar, por ejemplo, que alguien se muestra muy interesado por lo que decimos, porque nos mira fijamente sin casi pestañear… cuando en realidad no está entendiendo nada o no se atreve a decirnos que necesita ir al lavabo.

   Sea la situación que sea, mejor es obtener información de nuestro interlocutor preguntándole directamente y así contrastar con lo que nosotros pensamos. Nos evitaremos crear espejismos.

(Art. completo aquí)

Gran poder conlleva gran responsabilidad, ya nos avisó Spiderman. Y los cuentos tradicionales, y las escuelas alquímicas de aquí y allá… todas nos dicen que la magia SIEMPRE tiene un precio. La Naturaleza no da duros a cuatro pesetas.

¿El lado positivo, entonces? Este superpoder en concreto funciona si pagas el precio correspondiente, es decir siempre que se empiece por mirar de frente y sin tapujos a los propios sesgos y roles, si no, todo serán solamente prejuicios, útiles pero poco fiables y nada creativos. Es mucho más fácil entender lo que hacen otros si entiendes por qué haces tú lo que haces.

Imagina que te ofrecen el poder de ver a través de la ropa (y supongamos que te interesa tenerlo), pero con la condición de ir siempre desnudo. ¿Saldrías? Piénsatelo.

 manolito-confianza(Ver “Poderes mágicos normales II: Viajar en el tiempo“)