Poderes mágicos normales I: Lectura de pensamiento

PEROGRULLER  ALERT

PEROGRULLER ALERT

Llega el otoño y con él la recolección de conclusiones de lo sembrado en el desparrame veraniego (la retracción del elemento metal)… si a alguien le apetece reflexionar sobre lo que hizo. Pronto empieza el curso, y se retoman las clases regulares, y me dispongo a ser un poco más positivo, que no todo puede ser despotricar.

También iba tocando seguir aclarando el porqué de este blog, de su título, y las razones de que sea tan puntilloso con ciertas cosas.

Pues como no te muevas te vas a hinchar...

Pues como no te muevas te vas a hinchar

¿Por qué meterme tanto con corrientes que incentivan el optimismo, el empoderamiento personal y todo eso? No suena tan mal. Soy así de antipático, pero ¿es eso acaso lo que hacen realmente?

En cierto modo buscar poderes mágicos teniendo ya los que tenemos es evadirse de la responsabilidad de hacer las cosas. Y lo mejor es que si luego no consigues lo esperado ¡la culpa es tuya porque no fuiste suficientemente positivo -o lo que sea! Como negocio desde luego es perfecto, no se admiten reclamaciones y uno hasta se siente culpable si cree que debiera presentar una. La religión organizada de toda la vida, solo que ahora sin cabeza, lo que puede ser peor aún.

Pero vamos a lo positivo, como decíamos: ¿De qué estoy hablando? ¿Qué poderes son esos que tenemos? Bien, es sentido amplio, y por definición, son todo lo que puedes hacer ahora mismo. Probablemente puedas rascarte un pie. Si efectivamente puedes y te parece poca cosa, recuerda si alguna vez te ha picado bajo una escayola, o imagina no tener pie. Ciertamente no somos nada objetivos en este asunto, y sólo percibimos y comprendemos por comparación. Así, la riqueza o el poder se miden no por “cuánto”, sino por “cuánto más”. Aquí llenamos piscinas mientras que en otros sitios uno lo daría todo por un litro de agua turbia.

El valor de mis poderes depende pues del contexto, ¿y de qué más? ¿Depende del uso y ejercicio que les dé o eso debe ir implícito en la definición? Porque podemos hacer muchas cosas interesantes e incluso necesarias que no hacemos.

Pero vamos al asunto. Por empezar con alguno, este es uno de tus superpoderes:


LECTURA DEL PENSAMIENTO
telepathy

No diré telepatía porque eso en su definición incluye “sin intervención de agentes físicos conocidos”, y aunque uno saque mucha información sólo de la forma de mirar o moverse de otro, la vista implica agentes físicos bien conocidos.

Ya he escrito alguna vez que uno de los poderes con que demasiada gente fantasea, el de saber qué piensan las personas a nuestro alrededor, es algo tan simple que no me da pereza regalarlo. Hay algo al menos que ya sabemos.

Independientemente de su historia particular, tanto un jefe retorcido, como un niño enrabietado, un amigo que niega con la cabeza sonriendo, un tipo que refunfuña andando solo por la calle (o en un blog), todos los conductores iracundos del planeta… quizá demasiado a menudo a todos nos anida lo mismo en la cabeza: que tenemos razón. Muchas cosas en nuestro pensamiento y comportamiento parecen fundamentarse en esto.

Y, por supuesto, a la hora de racionalizarlo, lo común es que vayamos derechos a la acepción de “razón” numerada con el siete en el diccionario de la RAE: “Justicia, rectitud en las operaciones, o derecho para ejecutarlas“, y no tanto al “acto de discurrir”.

discrepanciaPor mi parte creo que la razón debería ser para razonar -como un productivo juego en el que pierde quien se toma demasiado en serio-, no para construir un castillo inamovible y defenderlo ciegamente. La lógica no necesita tanto ser defendida o salvada, como ejercida. Eso de ceder casi siempre lo aplicamos en un solo sentido: nadie negará que suele darse un sesgo a la hora de decidir entre la idea de uno mismo y una ajena. Pero si mi idea honestamente me parece más acertada, ¿no habré de defenderla? Entonces, ¿cuándo parapetarme ante un ataque y cuándo no? ¿Dónde poner el límite?

Hay quien ha propuesto que no hay por qué ponerlo en ninguna parte: no importa si las ideas son tuyas o mías, importa si cuadran con el funcionamiento de las cosas o no. Uno puede tener que defenderse de acciones nacidas de creencias, pero ni la gravedad ni sus leyes, por ejemplo, tienen nada personal contra ti y más vale negociar con ellas que negarlas. Conseguir algo de certeza en otros campos se hace mucho más difícil.

Pero lo que está claro sin discusión es que con muy poco podemos saber más de lo que creemos. ¡Si hasta podemos leer el lenguaje gestual de un coche! Por el rabillo del ojo y sin ver al conductor se nota si ese que viene por la rotonda se te cruzará de carril de mala manera. Tras lustros de navegar rotondas, puedes verlos venir a la legua.

Esa lectura puede entrenarse hasta límites sorprendentes, los echacartas(,) psicópatas y meditadores pueden adquirir buen ojo para eso, aunque sea por diferentes razones y motivaciones.

La gracia es que ese superpoder, desde otro punto de vista, puede (y a veces debe) considerarse un defecto.

Al interpretar el pensamiento de otros tendemos a realizar juicios repentinos sobre los demás, creyendo saber lo que el otro siente o piensa, sin tener ninguna duda al respecto y actuando en consecuencia. En base a ello su pensamiento interpreta, a la vez que se hacen presunciones sobre cómo reacciona la gente ante las cosas que le rodean y particularmente cómo están reaccionando los demás ante uno mismo: por ejemplo: “Los demás piensan que lo que yo digo no merece la pena” […] “No voy a llamarle para salir porque sé que me dirá que no”… La atribución de la evaluación negativa se hace sin presentar dudas ni evidencias y se reacciona ante estos pensamientos como si fuera un hecho real, seguro y totalmente cierto. Se tiende a adivinar lo que piensan los demás sin tener ninguna base que lo justifique y generalmente se hace de forma muy negativa y totalmente equivocada, anticipando y respondiendo en función de nuestra propia interpretación.

También existe la posibilidad de leer a favor de uno y pensar, por ejemplo, que alguien se muestra muy interesado por lo que decimos, porque nos mira fijamente sin casi pestañear… cuando en realidad no está entendiendo nada o no se atreve a decirnos que necesita ir al lavabo.

   Sea la situación que sea, mejor es obtener información de nuestro interlocutor preguntándole directamente y así contrastar con lo que nosotros pensamos. Nos evitaremos crear espejismos.

(Art. completo aquí)

Gran poder conlleva gran responsabilidad, ya nos avisó Spiderman. Y los cuentos tradicionales, y las escuelas alquímicas de aquí y allá… todas nos dicen que la magia SIEMPRE tiene un precio. La Naturaleza no da duros a cuatro pesetas.

¿El lado positivo, entonces? Este superpoder en concreto funciona si pagas el precio correspondiente, es decir siempre que se empiece por mirar de frente y sin tapujos a los propios sesgos y roles, si no, todo serán solamente prejuicios, útiles pero poco fiables y nada creativos. Es mucho más fácil entender lo que hacen otros si entiendes por qué haces tú lo que haces.

Imagina que te ofrecen el poder de ver a través de la ropa (y supongamos que te interesa tenerlo), pero con la condición de ir siempre desnudo. ¿Saldrías? Piénsatelo.

 manolito-confianza(Ver “Poderes mágicos normales II: Viajar en el tiempo“)