Taoísmo crítico vs. religión (I de III)

Escribo esto por responder a una pregunta concreta que vuelve a mí regularmente, como un extraño yoyó que alguien ajeno me hubiera colgado de un dedo con el que yo quería señalar a otra parte.

Más bien dos preguntas, ya que estamos, pues el asunto es ¿por qué te va tanto el taoísmo si te declaras escéptico en general y ajeno a la religión?

No es sólo que me vaya el rollo oriental, por el taichi, el go (o weiqi) y demás. No es tampoco que al serme algo más familiar me irrite ver cómo se desvirtúan ciertas cosas cuando llegan aquí convertidas en una banalización comercial de quinta mano. Comprendo que sin haberse molestado en echar un ojo a fuentes originales siquiera por mero interés cultural, muchos alérgicos a la “new age” lo metan todo en el mismo saco por inercia. Yo me veo en medio como siempre, explicando a estos y a aquéllos que ni una cosa ni la otra.

EL CAMINO DEL PUNTO MEDIO

Hace unos días en un foro volví a ver por enésima vez un uso del taijitu (el famoso e incomprendido “símbolo de yin-yang”) tal como este:

Taijitu en Ocn cienciaSe hablaba allí de la falacia de apelar a la antigüedad de algo como si eso fuera por sí mismo una demostración de validez o veracidad. Y el texto es correcto: hacen falta más cosas para probar algo.

Por supuesto, hubo que hablar también del otro polo: tampoco que algo sea nuevo lo hace bueno.

Pero viendo la imagen tuve que saltar. No es la primera vez -ni será la última- que veo entre gente supuestamente racional que algunas personas olvidan vigilar sus propios sesgos. Aún me atrevería a decir que es lo más común. Todos nos despistamos con eso y en el momento que crees que estás libre de sesgos estás perdido. Es conveniente asegurarse de lo que uno publica sobre todo si pregona racionalidad y coherencia.

Aquí ya hemos hablado un poco del concepto de pensamiento mágico y sus peligros, pero verlo ahí escrito en esa imagen refleja una valiente ignorancia y no me cuesta nada repetirme en algún punto. Sobre todo viendo cómo el pobre taijitu siempre acaba en el mismo saco.

-¿Cuál es el problema? –  me preguntaron.

La respuesta corta es que sería igual poner los números como ejemplo de pensamiento mágico porque los pitagóricos eran religiosos.

De un modo muy parecido aunque siglos más tarde que los primeros taoístas, los pitagóricos compartieron con estos nociones fundamentales que mantuvieron unidas las dos ramas que más tarde se separaron: parecen haber sido las de contemplación, el descubrimiento de un orden en la disposición del universo, y purificación. Mediante la contemplación del principio de orden manifestado en el universo, y asemejándose asimismo a ese orden, se fue purificando progresivamente el hombre hasta terminar por liberarse del ciclo del nacimiento y adquirir la inmortalidad.

Para entender lo impresionados que estaban de sus descubrimientos hay que imaginar lo que es darse cuenta por primera vez de, por ejemplo, una proporción como la del vídeo, y sobre todo del hecho de que siempre es exactamente así. ¡La naturaleza tenía leyes fijas y podíamos representarlas! Y con ello calcular, predecir con exactitud y seguridad, escribir algo que fuera cierto aun dentro de un millón de años.

Dejando a un lado la variante más mística (esa imagen de la inmortalidad de los pitagóricos también está en la alquimia taoísta, que dejaremos para otro día), el taoísmo es más que nada una filosofía, una forma de buscar una visión de conjunto acorde con la naturaleza, de observar y esquematizar las reglas básicas del universo, no de inventarlas y luego creérselas sin más. Y no solo comparte con nuestra más cercana historia cultural lo del párrafo anterior, sino que su visión esquemática fundamental cobra vigencia también desde el enfoque de la física y la ciencia moderna en general.

Mo Zi o Mo Ti

Mo Zi o Mo Ti

Parece osado decir esto, pero pese a tener esa rama religiosa -como la tiene todo, desde el fútbol a la propia ciencia cuando se entienden mal– el taoísmo nace de la obsesión por la observación neutra e insiste en evitar los sesgos que nacen de la interpretación de los fenómenos.

La particular historia de China no dio lugar al mismo desarrollo de una lógica utilitaria que se dio en Europa, por cosas como los intereses que estimularon el Confucionismo (centrado en lo moral) en detrimento de otros enfoques como el de Mo Zi, cuyo enfoque práctico y lógico, unido a la ecuanimidad taoísta bien podría haber dado lugar a un método propio y diferente que hoy por hoy nos llevaría mucha ventaja, pero para qué elucubrar. Sí podemos decir, no obstante, que hay dialécticas aprovechables en otras partes, y que es estúpido despreciar libros por lo que otros quisieron entender mirando de lejos las tapas.

Cuando Federico IX de Dinamarca le hizo miembro de la Orden del Elefante (honor normalmente reservado a nobles y jefes de estado), Bohr diseñó su propio escudo de armas, con un taijitu y la leyenda en latín "Los opuestos son complementarios"

Cuando Federico IX de Dinamarca le hizo miembro de la Orden del Elefante (honor normalmente reservado a nobles y jefes de estado), Bohr diseñó su propio escudo de armas, con un taijitu y la leyenda en latín “Los opuestos son complementarios”

Sin duda tanto a Lao Zi como a Mo Zi les hubiera encantado esto tanto o más de lo que al físico Niels Bohr le gustó el taijitu.
(A propósito de Bohr y por quien no la conozca, os recomiendo esta divertida historia sobre el pensamiento lateral aunque realmente no fuera él el alumno de que trata)

A estas alturas, ¿está claro ya que estamos lejos de lo que se suele entender por religión?

-Bien, pero entonces ¿por qué esto sí pero la religión no?

En el debate de que hablaba al principio alguien habló de Galileo. De cómo la Iglesia elegía escrituras como su evidencia y Galileo elegía lo que veía por el telescopio. Como si fuera cuestión de elegir. No puede compararse como prueba un papel que dice cómo es la Luna (escrito además por alguien que no la vio nunca tan de cerca) con la propia Luna. Siguiendo el manido dicho del sabio que apunta, digamos que la propia Luna tendrá más que decir sobre sí misma que un dedo terrícola. Solamente limitándose a estar ahí y a ser como es.

Por eso es igual de cierto el aforismo Zen que dice “no hay nada oculto“, que el Tao Te King cuando dice:

El Universo es imparcial:
ve todas las cosas cosas como perros de paja.
El sabio es imparcial:
ve a la gente como perros de paja.

Igual de cierto aunque menos serio es Arthur Bloch, que dice enLa Ley de Murphy (a este le admitimos llamarse “ley” porque es claramente humorístico y sin más pretensiones, no como otroscrítica corta / larga):

– La naturaleza siempre está de parte de la imperfección oculta
Corolario: La imperfección oculta nunca permanece          oculta mucho tiempo.

– La Madre Naturaleza es una perra
Addendum: y no una de las obedientes

Y por último el gran Feynman explicando un detalle importante sobre lo que entendemos como una ley de verdad:

En definitiva, a la naturaleza en general le da lo mismo que entiendas o no lo que se trae entre manos. Funcionaba antes y seguirá funcionando después de nosotros. Puedes decidir no creer en la gravedad, porque después de todo nadie sabe bien aún de dónde sale. O que volarás porque “todo lo puede la voluntad”. Pero si te tiras de la azotea de un rascacielos te matarás igualmente víctima de un tonto malentendido con el concepto “creer”.

Volviendo a lo de Galileo y la Iglesia, no es que el Papa y los suyos dudasen de lo que se veía por el telescopio, es que se negaron a mirar. La excusa que usaban era más retorcida: no negaban que fuera cierto lo que él decía, ni que se pudiese ver por el telescopio, sino que “pudiera ser”. Aunque fuera. En serio.

Para no liarnos en la teología: el “matiz” peligroso es el de inventar una realidad superior o paralela fuera de esta a la medida de los propios sesgos, para permitirse negar el valor último de la evidencia, no la evidencia ni la realidad misma. Es decir, que te den igual las pruebas aunque las conozcas. Hacerse el ciego voluntariamente para poder hacer trampas y mover fichas por fuera del tablero. Es declararse por encima del mundo para hacer en él lo que te plazca o imponer a otros lo que han de hacer (ojo, no en el mundo imaginado: el poder que se busca es en este, curiosamente).

¿Que mal puede haber en esta forma de hacer trampas?¿Qué ventajas aporta la otra alternativa, la crítica, neutra y honesta observación, aceptación y búsqueda de coherencia?

Dejo que este hombre os introduzca en lo que supone la común acepción de religión…

Veremos los siguientes posts las implicaciones de cada una de estas opciones. La diferencia entre la búsqueda de magia sobrenatural y la corriente y mundana magia normal.

(Leer siguiente: “Ecuanimidad vs. Superstición”)

8 thoughts on “Taoísmo crítico vs. religión (I de III)

  1. Post brutalísimo miguel. Soy completamente de tu opinión. Pero completamente. Y cualquiera podrá acusarme de negar cualquier otra verdad ¡acúsenme!. Una pena que esta verdad (la de la imparcialidad, la de ver a todos como perros de paja) se muestre a tan pocos y que sea tan difícil de hacer ver a quien no quiere. Simplemente porque no quiere (ya hablaste del efecto Dunning-Krüger). Pero bueno, queda el consuelo de que a la naturaleza le da lo mismo.
    Mis enhorabuenas y sinceras reverencias.

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  5. De acuerdo contigo, como usuario alérgico de new age, puedo decir bajo mi experiencia y opinión que… toman lo que puede servirles, omitiendo su significado literal y convirtiéndolo en una herramienta para un fin determinado. Paz, amor y el plus pa el salón, dejando a un lado los hechos que están justo delante de nuestras narices crea bajo mi experiencia propia, incoherencia, ego espiritual y por consiguiente malestar y enfermedad. Te llevan a dejar de ser tú mismo para llevarte a vivir según unas reglas, y sí sales de ellas eres poco menos que el diablo. Sigue así Miguel.

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  8. Debo disentir en respecto a cierta visión del taoísmo, porque parece que está siendo interpretado como un sistema lógico o intelectual -digo parece, porque igual es mi interpretación y como humano, me equivoco – o, de alguna forma, intentas conciliarlo con otras corrientes con las que te sientes afín.

    No digo que esté mal, de hecho todos lo hacemos un poco, pero creo necesarias algunas puntualizaciones.

    Siempre desde el supuesto, me da la sensación de que intentas plantear una especie de taoísmo racionalista que parece nacer como arma defensiva contra mucha de la banalidad pseudo espiritual y pseudo científica. Es decir que, en cierta medida, a lo largo de las tres partes de este post parece que uno sólo tiene la alternativa de creyente en charlatanería espiritualoide o escéptico cientificista, ser tonto o ser listo y personalmente no puedo plegarme a esa concepción, porque ni todo lo espiritual es charlatanería, ni todo lo que ha partido de la ciencia es inteligente – ahí está la historia para demostrarlo, dentro de 100 años se reirán de muchas cosas que nuestros científicos entienden ahora como verdades-.

    A mi modo de ver y de estudiar las cosas, el taoísmo en escencia, no tiene nada que ver con eso. De hecho, es bastante cañero con la intelectualidad y marca mucho la diferencia entre “sabiduría” y “conocimiento”, entendiendo por lo primero la experimentación directa de las verdades del universo y por la segunda la mera acumulación de datos.

    El conocimiento es en gran medida la acumulación del pasado, la sabuduría en cambio es la conexión directa con la realidad dinámica del universo.

    Por eso el conocimiento es transmisible y la sabiduría no. Por eso todos los maestros, orientales u occidentales se veía ofuscados por el acoso de sus discípulos cada vez que le preguntaban “qué es la verdad”.

    Siempre hablando del taoísmo, puedes encontrar que la mayoría de parábolas e historias, muchas de ellas jocosas, sobre Lao Tsé (lo siento me da por allí el pinyin) marcan una estrecha diferencia entre la actitud intelectual y la meramente perceptiva. Son abundantes los encuentros imaginarios entre Confucio y Lao-Tsé donde el primero siempre es dejado en evidencia por sus rígidas normas. No es que tengan nada contra Confucio, es un mero símbolo para marcar la diferencia entre el hombre estructurado, enamorado del método y su espejo, el que parece concectado con una intuición que le hace llegar de forma natural y sin esfuerzo a conectar con verdades simples o no tan simples. La diferencia entre un engranaje y una ola libre en el mar.

    El humano ideal para Lao-Tsé es el sabio, no el intelectual ni el científico. Menciona en uno de sus párrafos que el sabio renuncia al conocimiento para obtener sabiduría. No quiere decir volverse idiota si no, una forma más cercana a la kirshnamutiana, en la que rechaza el constante balanceo entre la dualidad. dualidad que se refuerza en la falacia de la acumulación de datos como creencia de saber.

    Esta destrucción de la dualidad surge del reconocimiento de la mente intelectual como herramienta inoperante para obtener la verdad. Plantearse a uno mismo en la batalla de “esto es superchería”, “esto es la verdad verdadera”, es, desde el punto de vista del taoísmo, del zen y de la mayoría de las estructuras filosóficas antiguas, el mejor modo de seguir atrapado en el proceso binario del ordenador mental y por lo tanto, muy lejos de esa percepción directa de la que hablan, más que hablan, insisten en ella como condición sine quanum para acceder a esa cosa que parece tan alejada y misteriosa a la que llamamos “iluminación”.

    La lucha para conseguir la neutralidad y capacidad crítica de la que hablas es una carrera que nunca podrás ganar. ¿Es realista pensar que en algún momento podrás abstraerte de todo tu bagaje intelectual, tu experiencia vital, tu programación social y cultural y declararte, honestamente y precisamente neutro?

    Justamente, las sabidurías antiguas detectaron este problema mucho antes de que el el hombre occidental siquiera se planteara la idea de una psicología y, como gente sabia, optaron por no luchar contra eso, sino buscar un camino alternativo, algo que menciona justamente Krishnamurti en casi todos sus libros, pero lo dice de forma sutil, casi seductora, para no chocar con nuestra fascinación con el escepticismo reaccionario.

    El maestro plantea, como una pregunta, como sembrando la semilla de una duda, si no existe un modo de percepción de la realidad sin la mediación del intelecto.

    Y en eso puede resumirse toda la sabiduría del zen, del taoismo, del hinduísmo, budismo, sufismo, etc. Una repetición que no es casual ni aleatoria, sino que posee en sí misma una clave para encontrar un camino diferente.

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